Ha llegado el día, esta noche nos toca cambiar la hora de nuestros relojes, aunque ustedes ya saben que somos muchos los que los dejaremos seis meses hasta que vuelvan a cuadrar, de manera que, repitan conmigo: a las tres, serán las dos. Una acción que a priori pudiera parecer miel sobre hojuelas, tanto si salimos de fiesta y tenemos una hora más de ocio y Cutty Sharks, como si decidimos quedarnos en casa, el plan tampoco pinta nada mal, ya que esta medida te proporciona una hora más de sueño –sin duda, el mayor de los placeres–.
No debemos olvidar la ayuda inestimable que supone que tanto el reloj del teléfono como el del propio coche cambien su hora de forma automática. Hace años cuando vivía en mi querida y añorada ciudad Nazarí, como dice Carlos Adrián en sus crónicas deportivas, recuerdo que me compré una tele, concretamente en el Carrefour del Zaidín, con el primer sueldo de la emisora. Un televisor evidentemente de oferta y normalito, la prioridad con veintitrés años no era un plasma de metro y medio. Pues bien, programé los canales de manera automática (vagancia total), en consecuencia Antena3 estaba en el primer canal y Tve1 en el tercero. Algo incomprensible para muchas personas como la ‘#MadreEnApuros’, pero que para ‘Adanes’ como yo es parte de la normalidad de la vida, y así estuve muy feliz durante más de cinco años.
Pero volviendo al tema del cambio de horario, les diré que poco dura la alegría en la casa del pobre al recordar que ese pequeño loco que ahora vive con nosotros romperá sí o sí, la aspiración de dormir una hora más.
Los niños pequeños no entienden de horarios ni de cambios de hora. Cuando el pequeño Dimas se acuesta para dormir, aquí ya sabemos que va a ser lo justo y necesario para que su cuerpo al día siguiente esté en condiciones óptimas para quemar energía. Un tiempo exacto que no varía con el paso de los días, de manera que si el pequeño duerme ocho horas no dormirá nueve, y entonces cuando se levante no serán las ocho de todos los días sino las siete. Díganme entonces que hacen sus padres desde esa hora hasta que abran las pocas cafeterías del centro para tomar el tradicional churro, esas que podemos contar con los dedos de la mano, por mucha capital de la gastronomía que seamos, todo muy surrealista ¿no? Somos el centro de la gastronomía y no abrimos la hostelería el domingo, pero eso sí, tenemos el cuajo de quejarnos de que la capitalidad no ha transmitido lo suficiente. Desde aquí les invito a que el domingo con una hora de más, se lo piensen.
A vueltas con la hora
27/10/2018
Actualizado a
14/09/2019
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