A veces es mejor no tentar a la suerte y pensar cómo hubiera reaccionado con una veintena de móviles bajo el pupitre, pero sí reflexionar sobre cómo esas tizas pueden volverse útiles. Por ejemplo, en el reciente gatillazo de investidura se pudo ver a multitud de trajeados adultos mirando constantemente sus smartphones resguardados por el escaño de delante. Tanto es así que un profesor vasco escribió una carta viral en redes sociales, que bien podría estar firmada por mi amigo de Cistierna, criticando cómo este ejemplo no ayuda a esas batallas perdidas en el aula. No sé si es hacer apología del ‘tizazo’, pero nadie me negará que no resulta tentador dar aviso a don Jesús para que tome cartas en el asunto.
Más allá del Congreso, en un mes tan especial como el que hoy empieza, habría que recurrir al ‘tizazo’ como terapia de choque frente a la tecnología en terrazas en las que se reúnen viejos amigos, en niños más pendientes de Instagram que en cómo su abuelo les explica el ciclo del campo o en conciertos que, de principio a fin, quedan grabados pero no vividos. ¿Tizas como solución? No hay mejor día que este jueves para que don Jesús comience a ‘hacer su agosto’.
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