Seguro que esto nos suena en muchas terrazas de nuestra ciudad turística (así nos la venden). Y cuando lo hay es nefasto.
Me ocurrió el otro día algo que voy a contar:
Salgo a tomar un refrigerio a una terraza, hacia una tarde calurosa y estaban todas las mesas ocupadas por aquellas que suelo frecuentar.
Encuentro una en un mesón del centro de la ciudad. Al rato aparece un camarero y se pone a limpiar la mesa de al lado, cuando termina nos grita “chicas qué queréis tomar?” a lo que le contestamos, por favor te puedes acercar... Se acerca y yo le pregunto si tenemos pinta de chicas (70 años de media), me mira con cara de asco y me vuelve a repetir que quiere chica.
Nos trae la consumición con una tapa de patatas “alioli” de color amarillo, que no probamos, porque seguro vamos directamente a urgencias.
De lejos veo llegar al dueño del mesón y me acerco a comentarle lo ocurrido y pedirle una hoja de reclamaciones, me contesta que no escriba en la hoja, porque va a la Junta, ya hablo yo con el empleado.
Me siento indignada y decido emplear este medio de comunicación con el fin de informar a quien lea este escrito lo que ofrece este establecimiento. Nos están vendiendo León como ciudad turística, y estamos ofreciendo unos servicios de restauración penosos...
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