La ITV y la seguridad cuando vas en moto

M.A. Fernández Alborés
25/02/2015
 Actualizado a 15/06/2016
Hace casi 17 años que me compré una moto, una Yamaha Virago, a la que nunca he puesto más extras que un portapaquetes original de la marca.
Llevaba, por tanto, bastantes años pasando las inspecciones técnicas sin ningún problema más que renovar la placa de matrícula o reparar el piloto de freno. Hasta hace un par de semanas.

Yo vivía ajeno al revuelo causado por la nueva normativa de ITV aplicada a motocicletas desde el 14 de enero. En las revistas del mundo del motor sí se veía como un atentado contra los intereses de la industria del recambio y el accesorio por su rigidez, pero mi experiencia me dice que el surrealismo se ha instalado en el mundo de la ITV.

Me quedé perplejo cuando, tras tomar medidas del ancho del manillar, me obligaban a cambiarlo por una falta grave al no coincidir sus medidas con las de la ficha técnica del vehículo.

Lo curioso del caso es que el manillar era el mismo que cuando compré la moto. Según parece, no llegaba a las medidas oficiales por menos de cuatro centímetros. Tras protestar ante los técnicos de la ITV, contacté con el concesionario, que consultó al fabricante, y me dijeron que el manillar no era el correcto.

Decidí no sustituirlo por uno de fábrica, por si todo esto fuera una jugada interesada, e instalar un diseño recto, alzado y de posición forzada, que tuvo que cortarse en sus extremos por sobrepasar el ancho reglamentario.

Ahora tengo que manejar un vehículo tuneado, de incómoda maniobra de giro y menos operativo entre el tráfico, pero eso sí, con la ITV superada, que vela por la seguridad.
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