Los últimos meses han proliferado las solicitudes de instalación de macroparques solares en todo el país. Bajo la etiqueta de ‘renovables’, megainstalaciones que no son medioambiental sostenibles, no crean los puestos de trabajo prometidos, destruyen el paisaje y condenan a muerte a muchos pueblos.
Siendo evidente que tenemos que trabajar para superar el reto energético asociado al cambio climático y a nuestra dependencia energética de terceros países, no lo es menos que tenemos que proteger y preservar nuestros pueblos y paisajes, aumentando sus atractivos, fijando su población, y atrayendo nuevos habitantes. Y ambos objetivos pueden y deben ser compatibles, complementarios y no excluyentes.
Los macroparques proyectados en el entorno de Astorga cubrirán con placas solares enormes extensiones de las comarcas de la Sequeda, la Valduerna, la Maragatería y la Cepeda. 2.400 Has de suelo rústico (3.500 campos de futbol) recalificadas por decreto en suelo industrial sin respetar ni el paisaje, ni la flora, ni la fauna, ni la huella de siglos de interacción e interrelación entre el hombre y la tierra. Pueblos condenados a ser islas en medio de un mar artificial de silicio, aluminio, acero y hormigón.
Nadie querrá vivir en ellos, sus casas no valdrán nada, las inversiones en alojamientos rurales y restaurantes se perderán, y la poca gente que en ellos vive los abandonará. ¿Es este el futuro que queremos para nuestros pueblos?
Debemos actuar para proteger la Tierra. Tenemos que convertir nuestros pueblos en lugares más atractivos para vivir, eliminando (no aumentando) las limitaciones que dificultan la venida y asentamiento de nueva población. Sin acciones o intervenciones monocolor, radicales, desproporcionadas y excluyentes. Con parques, pero sin macroparques.
Lo más leído