Apesar de que en los últimos años ha aparecido una hornada (nunca mejor dicho) de maestros panaderos brillantes, el nivel medio de nuestro pan es mejorable. Aparte de la más que discutible proliferación de pan precocinado, vemos que las cualidades organolépticas (aroma, textura, sabor, presencia) del noble alimento dejan mucho que desear.Así, nos encontramos a menudo con una vianda que, apenas unas pocas horas después de haberse comprado, se vuelve insípida, gomosa y reseca.
Ya sabemos que la artesanía, en general, está en declive y que la industrialización se ha impuesto en la mayoría de los gremios, pero el pan es un alimento de primera necesidad y merece mayor atención. Quizá ha contribuido a su depauperación el intrusismo de ciertos establecimientos y el excesivo afán de lucro de muchos empresarios, que ofrecen subproductos que traicionan la esencia primigenia del manjar. Desgraciadamente, así pues, el panorama no es precisamente de toma pan y moja...
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