Ángeles en el Monte San Isidro

Familia Blanco Carrión
20/02/2024
 Actualizado a 20/02/2024

Yo, ingenuo de mí, sigo creyendo en los ángeles ¡Vaya por Dios! Y haber, ‘hailos’. Si alguien lo pone en duda, sólo tiene que coger la carretera hacia Asturias. No, no es en el Seminario, aunque, seguro que allí también habrá alguno. Es un poco más adelante. Pasando la gasolinera, hay una salida a la derecha que indica, hospital Monte San Isidro. Allí es.

Es un edificio grandón y viejín, con unas bonitas vistas. Lo conocimos el día 21 de diciembre, cuando tuvimos que ingresar a mamá con una infección de orina y un cuerpo desgastado por el amigo Parkinson. Habitación 203, al lado de Ernestina.

Y empezaron a aparecer, los ángeles, digo. Uno detrás de otro: habían tomado la apariencia de chicas de la limpieza, otros de auxiliares, algunos de enfermeras y también los había que eran médicos.

Había tantos que aquello parecía el Cielo. De la 203, pasamos a la 216. Allí nos encontramos con otro ángel, Juan Carlos, estaba cuidando a Adelina. Se fueron a Laguna a seguir haciendo vida. Y llegó Faustina con sus hijas, que fueron las últimas.

Y los ángeles seguían cambiando vías, aunque ya casi no había venas, y limpiando culetes y cambiando de postura y haciendo análisis, y trayendo la comida y pasando la fregona, y, y, y... Todo ello con toda la delicadeza del mundo, con voces que acariciaban, con manos tiernas que evitaban el dolor, con el efecto sanador de la sonrisa.

Entre tanto ángel, mamá se fue al cielo después de 54 días ingresada en San Isidro primero, y en San Juan de Dios la última semana. Allí está como una reina, con Ernestina y Faustina, disfrutando de las vistas y cuidando de nosotros. Gracias, gracias y más gracias a todo el personal del Monte San Isidro. En los ratos de cansancio y desilusión (que seguro que los habrá) leed esta carta. Seguro que hay mucha gente que ha empezado a creer en los ángeles después de pasar por ahí. Abrazotes.

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