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¿A qué estamos jugando?

14/01/2026
 Actualizado a 14/01/2026
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Los que hemos nacido en enero somos unos pringados. No nos ha quedado de otra que acostumbrarnos a recibir todos los regalos del año, los que traen los Reyes Magos y los del cumpleaños, en cuestión de días. Después, a verlas venir.

Un problemilla que, por supuesto, se padece sobre todo en la infancia. Cuando era niño, las visitas de estas semanas a un recién estrenado Toys R Us eran imprescindibles para no fallar en qué juguetes pedir y con los que tirar el resto del año. Por ello, la noticia de que esta juguetería cerrará su tienda a la entrada de León en los próximos días ha sido una de esas que dejan un poso apelmazado de resignada nostalgia. Ya ocurrió con los cierres de El Maragato o Din y Don. Los tiempos cambian, hayas nacido en enero o en cualquier otro mes, pero quizá los adultos debamos preguntarnos a qué estamos jugando con nuestros hijos, nietos y sobrinos.

El juego manual, el que mancha y hace ruido, ha ido dejando paso en buena parte de la infancia actual a unas pantallas que lo dan casi todo hecho. No hay que demonizar la tecnología, yo sin ir más lejos le eché muchas horas a la Sega Saturn, pero sí considerar los riesgos del experimento social que supone cambiar canicas y peonzas por tablets y smartphones.

El cubo de Rubik enseña a armarse de paciencia, el Monopoly acerca las primeras lecciones de lo complicado que está el mercado inmobiliario y los Lego o los Playmobil ayudan a imaginar grandes mundos con pequeñas manos. Una creatividad que no suele darse a través de la pantalla, donde todo se parece más entre sí y el jugador, el niño o la niña, se convierte en usuario para limitarse a desbloquear niveles con reglas ya programadas. Menos interacción con el mundo real, habilidades sociales y tolerancia a la frustración. Menos tiendas como Toys R Us.

Nunca antes ha habido tantos juguetes disponibles y, sin embargo, jamás se ha jugado menos. Aunque siempre existirá la comba, el yoyó, las muñecas, los juegos de mesa y el Scalextric, trasladar nuestras jugueterías a la planta de tecnología de unos grandes almacenes o a una tienda online tiene muchos más perjuicios que beneficios. Para León, para los niños de enero y para los que nacieron el resto del año.
 

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