20/06/2026
 Actualizado a 20/06/2026
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Pocos latigazos me parecen como condena ante la atrocidad cometida. Demasiado benévola es la sentencia del tribunal, que ha pecado en exceso de garantista. Luego que no se quejen si, ante tan insignificante pena, son muchos los imitadores de tal insolente barbarie. Y es que no encuentro palabras para definir con exactitud el delito cometido por la cantante iraní Parastoo Ahmadi. Se me vienen a la cabeza muchos adjetivos, pero ninguno con la fuerza necesaria para definir un hecho que debe avergonzarnos como seres humanos. ¿Cómo se le ocurre emitir un concierto online sin velo y con los hombros descubiertos? Solo de escribirlo se me revuelven las entrañas.

Lo siento, pero mi único salvavidas para no volverme loco o pedir la cuenta e irme de la mierda de mundo en el que vivimos es la ironía. Sin ella no sería capaz de aguantar los sinsentidos que nos acechan un día sí y otro también y ante los que nos hemos colocado una coraza que aguanta la más repugnante hipocresía. Y no se equivoquen, esto no va de ideologías, porque todas tienen mucho que callar.

Resulta que hace casi cuatro meses, cuando EE UU e Israel comenzaron los ataques a Irán, una de las proclamas era que se hacía para liberar al pueblo oprimido bajo el yugo de la dictadura de la República Islámica de Irán. No sé si alguien se lo creería, pero, evidentemente, a Trump y Netanyahu lo último que les importa es la falta de libertad que atormenta y amordaza a los iraníes y, en especial, a las mujeres, que en este caso, y como en muchos otros países con gobiernos dictatoriales teocráticos, son las que se llevan la peor parte.

Como no creo en las casualidades, que a pocos días de anunciarse el fin del conflicto entre Irán y EE UU un tribunal iraní haya dictado sentencia sobre un hecho acaecido a finales de 2024 y por el que Parastoo Ahmadi, junto a ocho personas de su equipo, ha sido condenada a 74 latigazos, dos años de prohibición de salida del país y dos años de inhabilitación para ejercer actividades artísticas solo puede significar una cosa: Irán se ha reído a la cara de Occidente y de los valores que, presuntamente, nos definen y defendemos con uñas y dientes.

Además de Trump, Netanyahu y otros como ellos, no me olvido de aquellos que, pancarta o móvil en mano, se autoerigen como los defensores de las mujeres y luego aplauden y veneran a quienes, por ejemplo, se meten en la buchaca unos cuantos millones de euros procedentes del ecuánime y democrático régimen iraní. Lo dicho, esto no va de ideologías, sino de indeseables, que sí se merecen 74 latigazos, no como Parastoo Ahmadi y sus compañeros.

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