23/02/2026
 Actualizado a 23/02/2026
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Hay fechas imposibles de olvidar. El 23 de febrero de 1981 es una de ellas para millones de españoles con extenso currículum en el DNI. Aquella tarde, la noche y la consiguiente madrugada se convirtieron en una experiencia única. El intento de Golpe de Estado de Tejero, Milans, Armada y compañía mantuvo en vilo a un país que todavía intentaba encontrar su sitio en la historia después de la dictadura.

Todos nos acordamos de dónde y con quién estábamos sobre las seis de la tarde de un día que marcó nuestro futuro. En mi caso, saliendo de un examen en la Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid. 

En cuanto nos enteramos de lo sucedido en el Congreso de los Diputados, intentamos en vano acercanos hasta allí.

Durante las siguientes horas, la radio se convirtió en inseparable compañera de aquella película de suspense. Se organizó una especie de vigilia asamblearia en la Facultad, con tensas intervenciones de alumnos y profesores. 

Después a la residencia, llamada a la familia en León y el discurso del Rey Juan Carlos, que algo relajó el ambiente. Lo peor parecía haber pasado, aún así no dormimos.

El único grato recuerdo de aquel episodio vital lo viví al volver a clase el miércoles. Manuel Núñez Encabo, diputado socialista por Soria, mi profesor de Sociología aquel año, fue el parlamentario que estaba votando cuando Tejero interrumpió la sesión de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. La habitual escasez de alumnado en sus clases se convirtió aquel día en uno de los mayores llenazos de un aula en la historia de los estudios de periodismo en España. 

No había hueco alguno, estudiantes de todos los cursos, casi subidos por las paredes. Llegó, mostró su sorpresa por el aforo y dijo en amable tono: «Osea que hoy no hay clase, queréis que hablemos de lo ocurrido en el Congreso. Pues a preguntar, con orden, que para eso vais a ser periodistas».
 

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