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2003: David Civera y el bigote de Aznar

02/10/2025
 Actualizado a 02/10/2025
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La memoria se va perdiendo en el tiempo. El ser se va transformando, manteniendo como única esencia ese nombre que nos acompañará toda una vida. Somos quienes somos por ese camino de extremo esfuerzo. Pero vamos olvidando, porque la memoria es frágil, todo se termina yendo a borroso y los detalles se fugan dejando tan sólo aquello que generó impacto: desde traumas al mejor día, desde la tristeza a aquella alegría, desde la aberrante decepción a la primera vez. Los recuerdos se terminan simplificando frente al presente, lo grande se resume, y las ramificaciones sobrevuelan hasta incrustarse en una vaguedad cerebral. De las personas sólo quedan «aquella vez que» y los muertos son un recuerdo eterno con sus voces como hilos ínfimos de evocación momentánea.

Para un nostálgico patológico, un profesional de la morriña gallega, el recuerdo y las vivencias pasadas son las columnas que construyen todo edificio personal. La rememoración es el centro de toda explicación del presente, desde el infortunio a la felicidad. Me confieso de memoria extremadamente frágil, de los que necesitan apuntar para retener el detalle, de los que sacan foto para ayudar a conservar una historia o unas personas, de los que guardan todo aquello susceptible de pena de añoranza. También me cuestiono cómo he llegado aquí, porqué, cómo has llegado hasta mí y todo lo que hemos recorrido.

Y en una de esas noches de cuestionamiento me asaltó con David Civera, su Bye Bye, su baile tan ibérico, su cortesano sombrero, su estilo tan caballeresco y aquel 2003 en el que ésta fue su banda sonora. Resultó ser este el único recuerdo que soy capaz de extraer. Bueno, y el bigote de Aznar. Nada más. He ahí lo endeble del recuerdo, eliminando porque tal vez gestionemos nuestra vida como si de un disco duro se tratara. 

Me pregunto si caemos ahora porque puede que no recordemos aquella vez que caímos por el mismo motivo, si nos somos conscientes, si la humanidad es un bucle de eterno retorno porque conocemos nuestra historia, pero no nuestras historias. Civera cantaba, el bigote de Aznar existía, ¿y todo lo demás?

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