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Operación visera 5: El periplo de Telémaco

Operación visera 5: El periplo de Telémaco

OPINIóN IR

31/07/2022 A A
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Operación visera 5: El periplo de Telémaco
En el capítulo o canto anterior el padre era rescatado de noctívagos y algo abusivos festejos. Son estos acontecimientos simultáneos de aquellos y en ellos advertiremos al hijo enviado en su busca recorriendo la tierra conocida y clamando por un progenitor errabundo y poco considerado.

- La cena lista y ese zángano sin aparecer. «Que me voy solo un ratito, vuelvo en nada, con la gente del pueblo, para conocerlos…». Así toda la vida.

-«Madre, ve adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias», decía el canto original. Traduzcámoslo a lo moderno: déjalo, mamá, pon la mesa, cenamos y pasamos de ese.

-¿A que todavía te llevas tú el sopapo? Ve por tu padre, que no voy yo y lo traigo de los pocos pelos que tiene porque se me queman los sanjacobos. La cena en la mesa y no aparece ni Blas, como de costumbre- afirma la madre, con trillado pesar, mientras encomienda a su primogénito empresa asaz temeraria.

Deambula ya el joven entre la penumbra y las casas silenciosas del lugar cuando le sobrecoge escuchar voces a su costado:

- Mira, el chaval de Jacinta, qué mozo está.

- Ni idea tienes. Es el de Conso, que se fueron a Bilbao y vuelven de vacaciones todos los veranos.

-Conso, dice, ¡pero si es un vejestorio, cómo va a tener este mocín tan lucido!

-No, mujer, Conso es la abuela, la madre es la Sheilina, la que casó con el niño de Nicéforo, el Kevin.

A todo esto, frente a las dos ancianas sentadas a la puerta de casa al fresco de la noche, el joven lleva un rato parado de pie. Abre la boca de vez en cuando con intención pero no le dan oportunidad de intervenir. Decide marcharse a la chita callando, caminando un poco de través y otro de espaldas, metiéndose en la oscuridad paulatinamente.

-Mírale qué galán, lo que yo te diga, de la tía Conso, tiene los mismos andares difíciles.

Prosigue su búsqueda nuestro tierno héroe y llega hasta las eras, extinguidas las luces del pueblo. Allí le sorprende una vez más que este lugar en apariencia despoblado se llene de murmullos y risas desenfadadas. Oye Motomami de fondo y se acerca.

-Buenas ¿qué hay? Soy el nuevo ¿No habréis visto a mi padre?

-Anda este, nada más llegar ya perdió al dady ¡qué suertaca!

Se pasan unos a otros botellas y bocatas, la hecatombe es perfecta. Le convidan.

Vuelve al cabo de unas horas; ya ni las ancianas guardan la calle.

-Nada, mamá, no aparece. Mira que he dado vueltas... Y otra cosa te digo: me va gustando el pueblo este, ¿cómo te quedas?

-¡Vaya horas! Ni que le hubieras buscado en el mar Mediterráneo. A tal palo... La pequeña ya está en la cama, cena algo que ya salgo yo a por el berzas ese de padre que tenéis.

-Yo ganas de cenar no tengo muchas…
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