‘Omnia sunt communia’

03/11/2021
 Actualizado a 03/11/2021
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A finales del pasado mes de septiembre cerró el bar de mi pueblo. Con la noticia, el eterno debate sin fin de los precios de los alquileres, los gastos y a ver cuánto saca un establecimiento en un pequeño pueblo de Tierra de Campos durante los meses más difíciles del invierno, esos que no tienen fiestas ni fines de semana largos.

También salió a debate la «obligación» que tiene un ayuntamiento de asistir a sus vecinos ofreciéndoles un lugar de encuentro, como los cientos de teleclubs que existen en esta provincia y en muchas otras. «Un bar en un pueblo también es un servicio público: es reunión, es conversación, es compañía», dicen muchos. Y es que tener un lugar para encontrarse, también en nuestro medio rural, no puede ser más que necesario. Por eso, y porque también queremos tomarnos una cerveza con las amistades sin tener que coger el coche, en mi pueblo hemos decidido montar nuestro teleclub casi de un día para otro.

El local de los jóvenes ya no tiene mucho uso —estos son más de hacer sus bacanales en las bodegas— y la Asociación de Mujeres todavía no se ha recuperado de las secuelas de la pandemia y sigue siendo reticente a volver a su ‘casa’ para echar la brisca diaria. Como ambos locales se encuentran en la misma edificiación, la Casa de la Hermandad, ¿por qué no la convertirmos en lugar de ocio para pequeños, jóvenes y mayores? ¿Qué mejor lugar que este, con el nombre que lo corona, para transformarse en un espacio de comunidad en el pueblo? Eso está hecho. Y es que lo que nos gusta arrimar el hombro si luego es para el bien común. Algo de todos para todos: ‘omnia sunt communia’.

Y así, en cosa de dos días ha llegado el primer teleclub a este municipio después de más de treinta años. Por un grupo de jóvenes y no tan jóvenes que ya son como una familia que, respaldo de la administración mediante, ha cogido una cámara frigorífica, unos cientos de botellines de cerveza, refrescos, cafetera y un bote —para los euros— y se ha «sacado de la manga» un lugar de reunión hasta que vuelva a alquilarse el bar. O quién sabe, se queda así para siempre. Solo hay que ponerle ganas.
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