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Nuestros vecinos invisibles

Nuestros vecinos invisibles

OPINIóN IR

25/06/2022 A A
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Nuestros vecinos invisibles
Lamentablemente no siempre ocurre, pero de vez en cuando, algunas de las actividades a las que te invitan a participar te sorprenden para bien y te aportan a nivel personal y profesional mucho más de lo que te podrías imaginar. Esto ha sido lo que me ha ocurrido en el encuentro ‘Nuestros vecinos invisibles’, organizado por la Fundación Alimerka en Casa Botines. Una cita en la que el que les escribe tenía que realizar una serie de entrevistas a responsables, voluntarios y usuarios de las entidades Autismo León, Amidown León, Asociación Leonesa de Caridad, San Vicente de Paul, Aspace León y Cruz Roja León.

El título del proyecto explica a la perfección su objetivo, visibilizar el trabajo de estas entidades y los problemas y retos que tienen sus usuarios. Para qué engañarnos, nunca han contado con la visibilidad que se merecen, pero desde hace tiempo y debido a la actualidad local, nacional e internacional han perdido la poca visibilidad que tenían. La guerra de Ucrania, el precio de los combustibles, la subida de la luz, la crisis económica actual y las previsiones nefastas de futuro a corto plazo son difíciles competidoras para conseguir tener un espacio en los medios de comunicación y, por ende, en las preocupaciones y prioridades de la ciudadanía.

Por todo ello, fue mucho más que enriquecedor poder charlar tranquilamente con todas las personas vinculadas a dichas entidades, escuchar cómo es su lucha diaria, conocer sus preocupaciones y anhelos, en definitiva, colaborar en que al menos durante unos instantes vuelvan a ser visibles para la sociedad. Sin duda alguna, uno de los aspectos más gratificantes de esta experiencia inolvidable fue el sosiego y la tranquilidad con la que compartieron sus problemas, dejando a un lado la crispación y la bilis que inunda desgraciadamente desde hace ya algún tiempo nuestras calles. Y les puedo asegurar que tienen muchos más motivos para alzar la voz de manera descortés que la mayoría de los indignados de tres al cuarto que hacen su vida en las redes sociales.

Es triste reconocer que debido al vertiginoso ritmo al que vivimos y al individualismo más radical que impera en nuestra sociedad, a los usuarios por los que trabajan de manera altruista estas entidades les hemos convertido en invisibles. Es sin duda alguna la postura más egoísta y cómoda para que nuestra conciencia no haga de las suyas y pretenda sacarnos de la zona de confort. Por esta razón, espero que con esta columna colabore en visibilizar, aunque sea solo durante unos minutos, a nuestros vecinos invisibles.
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