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Nuestra única ‘Casa de Indianos’

Nuestra única ‘Casa de Indianos’

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La espectacular fachada de los siete escudos, un palacio que en los últimos años ya solo se abre en contadas semanas de vacaciones por ‘la señorita’. Ampliar imagen La espectacular fachada de los siete escudos, un palacio que en los últimos años ya solo se abre en contadas semanas de vacaciones por ‘la señorita’.
Fulgencio Fernández | 17/09/2017 A A
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Nuestra única ‘Casa de Indianos’
Casas con historia Villa María 1927, se puede leer sobre los balcones de enormes ventanales de la que seguramente es la única casa con arquitectura típicamente de indianos en la provincia de León, en la calle central de La Pola de Gordón
Las ‘casas con historia’ nos han llevado a lo largo del verano hasta personajes de todo tipo, hasta historias singulares. Hay sin embargo un fenómeno  muy significativo en muchas comarcas leonesas que ha tenido poca o casi nula repercusión en ‘las casas’, el de la emigración a ultramar, los llamados indianos, peses a que fueron miles los leoneses que se lanzaron a esta aventura y muchos de ellos hicieron fortuna.

En tierras cercanas, como Asturias o Cantabria, buena parte de sus indianos triunfadores al regresar se construyeron grandes mansiones, con un estilo particular que derivó en lo que se bautizó como «casas de indianos», enormes fincas, muchas veces con plantas de las tierras en las que vivieron, en Ultramar. No cuajó, sin embargo, esa costumbre entre los leoneses, que muchas veces arreglaron sus casas natales pero no levantaron estas mansiones. Es curioso como muchos de ellos lo que sí realizaron fue grandes obras para sus pueblos: iglesias, en muchos casos; casinos o casas del pueblo; geriátricos; alcantarillados, teléfonos y hasta boleras encontramos en un largo etcétera de generosas donaciones, en las que no falta la Fundación Cerezales, que ha revolucionado el mundo de la cultura en la provincia.

Pero sí hay una, preciosa por otra parte, casa de indianos en la provincia de León, concretamente en la calle principal (calle de la Constitución) de Pola de Gordón, el edificio que anuncia su nombre y año de construcción en lo más alto del edificio, sobre los balcones y ventanales: «Villa María. 1927». Es la construcción más típica de las llamadas casas de indianos y no le falta en su jardín otro de los detalles más habituales, la palmera, que conecta esta tierra de regreso con los paisajes de los que procede, en este caso de Cuba.

Porque esta Villa María de Pola guarda celosamente la historia de la aventura de un matrimonio de la comarca: Ángel Suárez  Álvarez, natural de la cercana localidad de Buiza; y su mujer, María Fernández Miguélez, vecina de Pola. No lo tuvieron complicado para elegir el nombre de la Villa, pues María era la madre, y ése mismo nombre formaba parte del de las dos hijas: María de los Ángeles y María del Carmen Salomé, conocida popularmente por Mari.

Todas ellas cabían bajo el paraguas de Villa María, casa finalizada en 1927 con claro estilo indiano, tan habitual en la cercana Asturias, y en el que se mezclan estilos y elementos muy de moda en aquellas primeras décadas del siglo XX: galerías de grandes  ventanas y cristaleras, miradores y muchos elementos decorativos traídos de los países a los que habían emigrado sus dueños.

En el caso de este matrimonio el país al que emigraron fue uno de los destinos preferidos tanto de la época como de esta comarca de la montaña del Bernesga, a la capital de Cuba, La Habana, y no hay más que ver el edificio para saber que no les fue nada mal en su aventura en aquel país.

A su regreso e instalados en la Villa la casa se convirtió en uno de los referentes arquitectónicos de la comarca y en el edificio ‘civil’ más emblemático de esta localidad, destino turístico habitual de los asturianos que encontraban en Villa María una casona «muy de su tierra», hasta el punto que, recuerda una de las descendientes, «era habitual que veraneantes asturianos llamaran a la puerta para preguntar si éramos una familia asturiana».

La casa también sufrió los avatares de la guerra civil, tan cruel en esta comarca, y fue habilitada como hospitalillo y comandancia militar.

Esta Villa María ha estado habitualmente habitada por los descendientes de las «tres marías», aunque en los últimos años la actual moradora reconoce que «es muy complicado mantener un edificio así y en invierno es un gasto impresionante la calefacción» por lo que vive en otra casa cercana y más pequeña.

Esta misma situación viven un buen número de las casas de indianos en Asturias, donde al ser mucho más numerosas han nacido iniciativas como hacer rutas por las casas de indianos o muchas de ellas han sido convertidas en hoteles o casas de turismo rural, con resultados diversos.  
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