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Novatadas: verdugos, víctimas y cómplices

Novatadas: verdugos, víctimas y cómplices

OPINIóN IR

26/09/2019 A A
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Novatadas: verdugos, víctimas y cómplices
A las puertas de despedir al séptimo mes del calendario romano, que un tal Julio César decidió relegar a la novena posición y que los bárbaros de hoy conocemos como septiembre, es necesario dedicar algunas letras y sílabas a una práctica que por desgracia es muy típica en estos treinta días en los que nos aferramos a un verano que no queremos que acabe nunca, sin querer ser conscientes de que estamos abocados a enfrentarnos a la llegada del otoño.

Las protagonistas de hoy son otro claro ejemplo de cómo los seres humanos somos capaces de desvirtuar una práctica o costumbre que en su origen podría tener un aroma de camaradería y diversión, pero que hoy en día apesta a soberbia y humillación. Efectivamente, me refiero a las novatadas universitarias. Este fenómeno es complejo y debe examinarse desde diversos prismas, ya que en él participan activamente los verdugos y las víctimas y pasivamente, por desgracia, instituciones académicas, colegios mayores y la sociedad en general. Pero como diría Jack el Destripador, vamos por partes.

En primer lugar los especímenes a estudiar son aquellos, hombres y mujeres por igual, que en base a no sé qué posición de poder sobre otros deciden dar rienda suelta a su maldad, eso sí, siempre al amparo del grupo o manada, mejor dicho. Todos juntos forman la tribu de los veteranos, en la que las identidades individuales se desvanecen hasta que la responsabilidad y consecuencias de los actos se quedan sin nombre y apellidos. Sería inimaginable ver cómo un solo veterano atemoriza a varias decenas de novatos, primero porque no tendría tanta posición de fuerza y segundo porque podría ser identificado precisamente con el nombre y apellidos que desaparecen al estar acompañado de otros carroñeros. Es lamentable y triste ver cómo las futuras generaciones de estudiantes utilizan su supuesto poder sobre otros para vejarles y castigarles física y psicológicamente. Y en el asunto que nos ocupa, no existe distinción según clases sociales o sexo, es un mal que está alojado en el interior de unos iluminados que confunden lo que es un supuesto rito de iniciación con un acoso y actos violentos. Me tienen que explicar estas mentes pensantes qué se esconde detrás de agresiones físicas, la ingesta de alcohol a la fuerza o humillaciones varias, algunas de las cuales ya han tenido un trágico final.

Es de Perogrullo que las novatadas no existirían sin la ‘complicidad’ de los novatos. Movidos por el miedo a posibles represalias o al aislamiento posterior van aceptando poco a poco estas humillaciones, apoyándose unos en otros, entendiéndolas como un mal necesario para que finalizado este periodo inicial no sean unos apestados y pasen a formar parte de un grupo. Visto que es complicado erradicar la maldad que está alojada en los veteranos, parece que quizás los novatos deberían dar un paso al frente y decir ¡basta ya! Claro que conlleva un riesgo y no será bien recibido por los verdugos, pero creo que ya tienen edad para saber discernir entre diversión y humillación y oponerse a las injusticias. Es curioso cómo muchos de ellos se levantan en armas para denunciar tratos vejatorios a animales, criticar al sistema en mayúsculas y luego son incapaces de defenderse a sí mismos. Con que por ejemplo en un colegio mayor un curso se negaran todos los novatos a ser humillados, se acabaría el problema, ya que al siguiente año los veteranos no se atreverían a hacer de las suyas, ya que los nuevos novatos tendrían un ejemplo muy cercano a seguir y se opondrían a participar en esta especie de aquelarre estudiantil.

Y por último estamos el resto: instituciones públicas y privadas, familias… en definitiva, la sociedad en todo su conjunto, que en muchas ocasiones es cómplice de que sigamos siendo testigos de este sinsentido. Las universidades y colegios mayores deberían tomar medidas de verdad, no acciones de pura cosmética destinadas a querer hacer ver que hacen todo lo posible para erradicarlas. Y es que por ejemplo no tiene ningún efecto disuasorio una expulsión temporal de un colegio mayor, ya que a su vuelta los individuos en cuestión son además recibidos como héroes. No sé ustedes, pero no llego a entender cómo a los responsables de un colegio mayor no les importa tener bajo su techo a personas que se dedican a vejar a unos compañeros, salvo que prime lo estrictamente económico sobre otras cuestiones. Y claro está, los padres no podemos salir indemnes de esto, ya que deberíamos educar a nuestros hijos en dos sentidos, por un lado en no utilizar una posición de poder para hacer daño a los demás y por otro, en que planten cara a las injusticias y que tengan el valor para decir ese tan de moda últimamente ‘no es no’.
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