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"Nos juntamos de tres pueblos para jugar un tute"

"Nos juntamos de tres pueblos para jugar un tute"

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Enrique Rodríguez Valcarcel pasó la nochevieja restaurando una cuna. | F. Fernández. Ampliar imagen Enrique Rodríguez Valcarcel pasó la nochevieja restaurando una cuna. | F. Fernández.
Fulgencio Fernández | 03/01/2016 A A
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"Nos juntamos de tres pueblos para jugar un tute"
Despoblación Suenan las campanas de fin de año, también para algunos leoneses que viven solos en su pueblo, y no les hace especial ilusión: "Aquí todas las noches son viejas"
Enrique estaba restaurando una vieja cuna de madera cuando llegó la hora de las campanadas. Y siguió ‘forgando’ por aquella madera del siglo XVIII. Alberto pasó el último día del año solo en su pueblo, Valbueno, como lleva haciendo muchos inviernos. Como otros muchos días esperó al último vecino del cercano Villadepán "y fuimos hasta Garueña para jugar una partida de cartas; nos tenemos que juntar de tres pueblos para poder jugar un tute". Paulino lleva décadas siendo el último vecino de Campo de la Mediana, el último día del año fue casi un día más. "Hombre, la mujer suele hacer algo diferente para cenar, vemos un rato la tele y para la cama, ¿qué vas a hacer?, no está para andar en la moto". Donato se cansó de esperar y se metió en la cama a las once...

Y Pepe, al que bajaron para León porque era el último habitante de Tabanedo, añora su pueblo y su soledad. "Qué a gusto hubiera estado en casa, ¿sólo?, ¿qué tiene de malo?".

Y en Madrid tienen que restringir el acceso a la Puerta del Sol, donde el famoso reloj que regalara el cabreirés Losada toca las campanadas que amenizan el bullicio madrileño Y en Madrid tienen que restringir el acceso a la Puerta del Sol, donde el famoso reloj que regalara el cabreirés Losada toca las campanadas que amenizan el bullicio madrileño y llegan a toda España acompañadas de la verborrea de Ramonchu o las transparencias de ‘la Pedroche’. En su pueblo, Iruela —donde un monumento recuerda que allí nació y pasó su infancia José Rodríguez Losada—apenas una decena de personas habitan las tres o cuatro casas cuyo humo de las chimeneas anuncia que están habitadas, gente que en su mayor parte han regresado desde El Bierzo o Madrid. "Cada año volvemos a ver en la televisión la historia de nuestro paisano, pero aquí reina la tranquilidad más absoluta ¿Familia?Aquí Rodríguez hay muchos, pero aquello fue hace tanto tiempo". Aquello es la vida de Losada, aquel chaval que cuenta la historia/leyenda que perdió el ganado que cuidaba y el miedo le llevó a coger el camino de huida por el monte y no ‘paró’ hasta Londres, donde era todo un personaje.

Gentes, leoneses, a quienes que la Nochevieja les dice poco o nada. Son los últimos habitantes invernales de sus pueblos (los censos son otra historia)y están cortados por otro patrón y otra filosofía, es difícil verlos apurados, es complicado que algo les ponga nerviosos y, curiosamente, suelen tener las puertas abiertas a los visitantes.

Enrique, el que siguió restaurando la cuna a la hora de las campanadas —"después me llamó la hija y le dije que estaba preparando por si me daban una alegría"—es el sobrino de un recordado personaje de Omaña, Pepe el de Ariego, el último noble, en cuya casona vive con su mujer, Adelina. Se pasa el día intentando que la casona mantenga la historia y el esplendor. "Voy de leer legajos a restaurar cosas, tengo aquí trabajo para treinta o cuarenta años".

- Y atender a los que pasan por aquí y entrar a ver la casa, a comentar que conocieron a Pepe, a los parientes...

- Hombre, ¿pero las campanadas?

- Si quiero campanadas... me las doy.

Si quiero campanadas... me las doy Y no le falta razón, pues la casona también tiene ermita, la de Santa Lucía, cuya campana hace sonar para demostrar que no necesita el reloj de Losada.

- ¿Ysi cree la gente que es a fuego?

- ¿Qué gente? Estamos solos.

Alberto ya lleva casi dos décadas como único habitante invernal de Valbueno, también en Omaña. Emigrante en Bélgica y Alemania de joven le pudo la nostalgia de su tierra y del oficio de los suyos y regresó a Valbueno para ser ganadero. Lo fue, de vacas, pero ya se ha jubilado.

- ¿Te aburrirás?

- Dejé veinte ovejas para hacer algo, pero me arrepentí de vender todas las vacas, lo mío son las vacas.

Para matar más tiempo pasea con los perros, baja a tomar algo hasta El Castillo o Riello, cuida las gallinas de un vecino que marchó para León y espera a unos nuevos vecinos, que, parece ser, que llegan hoy. "Son de Ibiza, compraron una casa por Internet y van a estar una semana ahora y vendrán en verano".

- ¿Se harán a Valbueno viniendo de Ibiza?

- Mejor que yo a Ibiza.

No le falta razón a este paisano que bromea con su Nochevieja. "Aquí todas las noches son viejas. No te digo que nos tuvimos que juntar de tres pueblos para hacer partida".

También Paulino lleva muchos años siendo el último vecino de Campo, con su mujer y "los chavales". Precisamente el chaval sacaba el abono en la mañana de Año Nuevo, ajeno a la resaca. Pronto para la cama. Nunca fue Paulino de mucha celebración, pero la muerte muy joven de un hijo de su mismo nombre, un deportista, un ciclista amateur muy recordado en León, ha sido un golpe duro para este excelente paisano, de los buenos.

Y Robles en Tabanedo. Yantes otro Paulino en Pedrosa. Y Amador en Villanueva. Yen Farballes otra familia. Y en muchos pueblos, nadie...

Sin embargo, algunos de los que se han ido al quedarse solos, presionados por loas familias, no acaban de "encontrarle el chupe" a la capital, como dice Pepe, muchos años último vecino de Rodillazo. "Vueltas para aquí, vueltas para allá, y nada... Lo bien que hubiera yo estado en mi pueblo todo el invierno".

- ¿Y Nochevieja?

- Pues un día antes de Año Nuevo, como toda la vida de Dios.

Regreso de los pueblos vacíos, de las gentes sin prisa. Entro en el Villamor de Riello y Juan Campal lee cosas suyas y las corrige en una esquina, en otra mesa "exigen sangre" en el partido de la tele —"¡pero dale ostia, dale!"–.

Bienvenido a la realidad.
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