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Noemí Sabugal: "Las cuencas mineras lo que sí tienen es memoria"

Noemí Sabugal: "Las cuencas mineras lo que sí tienen es memoria"

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La escritora está con Máximo Álvarez e Isabel Fernández en La Ercina. | PABLO J. CASAL Ampliar imagen La escritora está con Máximo Álvarez e Isabel Fernández en La Ercina. | PABLO J. CASAL
Joaquín Revuelta | 16/09/2020 A A
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Noemí Sabugal: "Las cuencas mineras lo que sí tienen es memoria"
Libros El jueves llega a las librerías la cuarta publicación de esta escritora, que se aparta de la novela para abordar en clave de ensayo el fin de la minería del carbón: 'Hijos del carbón' (editorial Alfaguara)
La nueva publicación de la periodista y escritora leonesa Noemí Sabugal, ‘Hijos del carbón’ (Alfaguara), llega este jueves a las librerías españolas, tratándose de un extenso y muy bien documentado trabajo sobre el fin de la minería del carbón, que bebe tanto del periodismo como de la literatura e incluso de la crónica familiar al ser la autora hija y nieta de mineros.

– ¿Cómo vive estos días previos a la salida al mercado de su cuarto libro? No sé si las sensaciones son las mismas que las provocadas por la aparición hace ya diez años de su primera novela, ‘El asesinato de Sócrates’ (Alianza), que encaminó sus pasos hacia el mundo editorial.
– El primer libro tiene una emoción que no se vuelve a repetir, al menos de la misma manera, porque te da un poquito de ese DNI de escritora. Lo que pasa es que tiene otras cuestiones también. Aunque tú siempre te has sentido escritora o una persona que escribe, porque a veces el termino escritora te queda hasta un poco grande, no has salido al mundo. Digamos que el primer libro es esa revelación para los demás de que efectivamente lo que tú estabas haciendo era eso y que es de la manera en la que tú te sientes. El miedo siempre cuando sacas el primer libro es si habrá un segundo. Esa es la gran pregunta, si será un hecho puntual o si serás capaz de hacer algo más que valga la pena y alguien se animará. Cuando ves que van pasando los libros reafirmas, yo creo que ante ti misma y ante los demás, ese compromiso con la escritura y con la literatura, pero siempre está el miedo del próximo libro. Siempre está esa cosa del siguiente cómo será, si seré capaz. Es una lucha constante contra una misma, contra tu propia frustración.

Parte de mi naturaleza es escribir y eso no tiene nada que ver con los premios ni con la publicación – ¿Sin la llegada de aquellos tempranos premios literarios, el Fernando Quiñones en el caso de ‘El asesinato de Sócrates’ o el Felipe Trigo con relación a ‘Al acecho’, se hubiera animado a seguir por la senda de la literatura o hubiera desistido para proseguir con su carrera de periodista?
– Yo hubiera seguido porque siempre he tenido claro que esa es mi naturaleza o parte de ella. Parte de mi naturaleza es escribir y eso no tiene nada que ver con los premios e incluso podría decir que no tiene nada que ver con la publicación, que en el fondo es el deseo, el fin y la meta. Pero claro, yo llevo escribiendo desde mi niñez, tengo escritos cuentos y poemas desde los 7 años y en realidad yo llevo inédita prácticamente hasta que cumplí los 30 años. Te pasas toda tu vida escribiendo y eres inédita hasta que empiezas a publicar. Ese es el momento en el que los demás descubren lo que eres, pero que tú en ese caso lo tienes claro. Yo hubiera seguido escribiendo con o sin premios, con o sin publicaciones. Lo que pasa es que lo normal es llegar a conseguir esa publicación en algún momento.

– Eso me lleva también a preguntarle si la decisión de dedicarse por entero a la literatura y abandonar en cierto modo la profesión periodística le resultó particularmente difícil, porque muchos compañeros de profesión, entre los que me incluyo, pensamos que su decisión estuvo repleta de coraje y que no todos se hubieran atrevido a llevarla a cabo.
– La decisión fue muy difícil, pero yo también era consciente de que no se trataba de borrón y cuenta nueva, sino que he seguido vinculada al periodismo, he seguido con las columnas, he seguido también colaborando en medios nacionales, como la revista Leer, y cosas que me han ido pidiendo. Yo seguía vinculada al periodismo, lo que pasa es que veía que era muy complicado con la presión del periodismo diario de redacción afrontar un proyecto literario como el que tenía en perspectiva. También tengo que decir que ha sido para mí un gran apoyo la docencia, que me ha permitido tener una rutina un poco más ajustada al hecho de disponer de tiempo. Pero el periodismo en mi caso no es un capítulo cerrado, en absoluto. De hecho en este libro es la primera vez en que he podido conjugar un poco como yo he querido la literatura y el periodismo, porque el libro tiene mucho de periodismo narrativo, bebe mucho de ahí. El periodismo lo sigo ejerciendo pero sí que es verdad que me aparté digamos de lo que era un trabajo diario muy exigente, como no puede ser de otra manera, pero que yo entendía que me estaba impidiendo desarrollar otros proyectos que yo tenía en la cabeza.

– Aproximándonos más al terreno del libro ‘Hijos del carbón’ , no sé si es una coincidencia pero recientemente la fotógrafa Cecilia Orueta también se ha hecho eco del final de la minería en un libro y una exposición que ha titulado ‘The end’. ¿Cree que se ha escrito, contado, fotografiado y explicado lo suficiente esta realidad que representa el final de una cultura, de una forma de vida?
– Cecilia y yo descubrimos, gracias a Julio Llamazares, que estábamos embarcadas en proyectos que hablaban de lo mismo. Es verdad que su trabajo era de las cuencas mineras leonesas y palentinas y yo estaba haciendo todas las cuencas mineras de España. Yo estaba a mitad del proyecto y tengo que decir que gracias a Julio, Pilar Álvarez, de la editorial Alfaguara, conoció mi trabajo. Pilar fue la que me pidió que le pasara el manuscrito y la verdad es que su respuesta fue inmediata. Dijo que le interesaba y ha sido una editora fantástica, un apoyo enorme para mí, entusiasta y con una inteligencia que se agradece muchísimo. Cecilia Orueta también aparece en el libro porque aprovechamos a hacer varios viajes juntas. De hecho en algún sitio digo que hemos sido como esos pastores que se siguen las huellas en la nieve que más cubre para poder atravesarla. Cecilia ha sido una persona que ha puesto la mirada aquí, como también Eduardo Undargaray, un fotoperiodista asturiano que también aparece en el libro y que lleva muchísimos años mirando al mundo de la minería, o reporteros de los nuestros como Mauricio Peña que aporta al libro una fotografía de la marcha minera. Hay mucha gente que sobre todo desde el periodismo de las provincias carboníferas, como Fulgencio Fernández, ha estado mirando y narrando este mundo. Desde la perspectiva de la literatura no se inventa nada. Hace muchos años ya escribió Julio Llamazares ‘Escenas de cine mudo’ sobre su infancia en Olleros de Sabero, una infancia que no es la que hay ahora. Ese pueblo que dice Llamazares que era «un tumultuoso conjunto de cuatro mil almas» ahora son cuatrocientas personas. Entonces era importante también contar este momento del fin, en el que el minero del carbón es una especie en extinción y donde solo queda abierto el Pozo Nicolasa. Me parecía importante contar un momento en el que las cuencas mineras no saben en qué se convertirán. A lo mejor no es convertir, porque seguirán siendo cuencas mineras. Eso es algo que te marca, porque en muchos sitios son casi doscientos años, generaciones enteras trabajando en el mismo sector, algo que además afecta a todo, afecta a la configuración de los pueblos, afecta a la forma de relacionarse en la calle, a la educación. Ha estado impregnado todo de ese mundo de la mina, para bien y para mal. Respondiendo a tu pregunta, claro que hay miles de voces y sobre todo están las voces de los habitantes de las cuencas mineras que están allí para contar su historia. Y yo he intentado aportar algo más a esa reflexión y sobre todo con una idea de unirlas a todas, de que se vieran mutuamente unas a otras, que era un trabajo que a mí me interesaba mucho porque hay muchos libros de minería que lógicamente son de la propia provincia, como el caso de Asturias que es la región que más y mejor ha escrito del mundo de la mina de carbón, pero yo quería que las cuencas se vieran unas a otras. Me parecía interesante hacer esa unión en un único libro porque se aprende de los fallos de los demás y también de sus aciertos. Y pienso que la vinculación es enorme.

– Tengo la impresión de que ‘Hijos del carbón’ es un libro que siempre ha estado presente en su cabeza, incluso antes que ningún otro suyo, pero que necesitaba hacer ese tránsito por las tres publicaciones anteriores para abordarlo en su verdadera dimensión y con el enfoque preciso.
– Pues no del todo. Es verdad que llego a este libro con una historia de publicaciones literarias, con una experiencia periodística y que vengo a juntar ambas, donde me ha ayudado mucho los recursos del periodismo para escribirlo y me ha ayudado mucho los recursos de la literatura a la hora de saber enfocarlo y tratarlo como quería. Pero si te digo la verdad, es un tema tan próximo, por mi condición de periodista que lo ha abordado en reiteradas ocasiones y personal al ser hija del carbón y vivir en una cuenca minera, que parece que no ves. Nunca estuvo entre mis objetivos. Nunca pensé escribir una novela sobre el mundo de la mina, pero cuando entra en liquidación la Hullera Vasco Leonesa y empiezan a cerrar las minas, te das cuenta de que es un mundo que se acaba y en ese momento pensé que merecía la pena contarlo, entre otras cosas porque lo he vivido y podía volcar buena parte de lo que soy, y porque contaba con la experiencia de haber publicado varios libros con los recursos de la literatura y de haberme encallecido un poco con el periodismo. Pero el tema como tal me vino sobre todo por ese fin que era evidente y que estaba desapareciendo delante de mis ojos. Después también influyó que fallecieran mis abuelos, en fin, una serie de cosas que a mí me llevaron a decir que era el momento. Cuando algo desaparece delante de tus ojos lo que quieres es contarlo para retenerlo de alguna manera.

– Aunque parezcan dos libros muy diferentes, tengo la impresión de que ‘Una chica sin suerte’ e ‘Hijos del carbón’ comparten un trabajo de investigación periodística muy intenso y aspectos de su propia vida y personalidad que ha querido incorporar en ambos manuscritos.
– Aparte de algunos aspectos personales que aparecen muy disimulados, en ‘Una chica sin suerte’ (Ediciones del Viento) quise ser extremadamente fiel a la vida de Willie Mae ‘Big Mamma’ Thornton, pero en el caso de ‘Hijos del carbón’ yo tenía claro que este tema no lo podía contar de una manera fría y distante porque yo eso lo había vivido. Y si aporto datos personales y cuento historias de mi familia yo lo cuento porque sé muy bien que esa parte personal es una parte compartida con muchísima otra gente. No es excepcional que mi abuelo tuviera silicosis. Los abuelos de todo el mundo que trabajaron en la mina a partir de determinados años tienen todos silicosis. Yo contaba algo personal sabiendo que era algo compartido y sabiendo que la gente se iba a ver reflejada en ello. En mi pueblo no hubieran entendido que contara el fin de la minería como si viniera de fuera.

– Me lo ha puesto en bandeja porque también quería preguntarle cómo ha manejado ese lenguaje afectivo cuando habla de su entorno más cercano, de sus familiares, en contraposición a cuando incorpora testimonios de personas pertenecientes a otras cuencas mineras que ha visitado y a las que no conocía previamente.
– Cuando hablo con gente de las cuencas mineras, porque hay muchísimos testimonios en el libro, hago un guiño personal a Svetlana Aleksiévich –por supuesto sin compárame en absoluto porque ella es una maestra– en el sentido de que pongo un guión y dejo que esa persona hable; es decir, no intervengo para nada en ese testimonio, les dejo hablar para que se oiga su voz, sus giros y sus modismos.Y cuando cuento mi propia historia o la de mis familiares es una voz mucho más personal. Digamos que hay muchos tonos en el libro, porque sabía también que otra cosa que tenía que intentar hacer era contar la minería desde dentro y desde fuera. La parte personal era importante pero si quería hacer también una reflexión sobre este mundo también era importante verlo un poco desde fuera; es decir, que hubiera voces de gente que ha considerado que el monocultivo del carbón ha sido negativo, de gente con una visión ecologista, reflejando aspectos negativos como la destrucción del paisaje, las trampas de las empresas mineras o las malas inversiones. Eso tenía que aparecer y tenía que contarlo en el libro. La gran dificultad era tener la empatía de sentir que era algo propio y a la vez la cabeza fría de contar lo que fue en realidad, para bien y para mal, con un tono más objetivo y también más reflexivo. Hay una frase que aparece en el libro y que a mí me gusta mucho que dice: ‘Todo recuerdo es el presente’, una frase que usa Ryszard Kapuscinski en ‘Viajes con Herodoto’, otro gran maestro a la hora de hacer periodismo narrativo, que creo que se aprecia bien en el libro, porque todos esos testimonios de gente que ya ha vivido el fin de las minas en sus regiones nos demuestran que eso está muy presente, que eso sigue siendo el hoy, que el recuerdo está en el presente. Las cuencas mineras lo que sí tienen es mucha memoria. Y eso lo sabemos cualquiera que hemos vivido allí, porque tienen memoria de todo. Creo que ese ejercicio de memoria es en parte también una de las bases del libro.

– ¿Cómo vive la experiencia de jugar en la ‘champions’ del mundo editorial con su ‘fichaje’ por Alfaguara?
– No sé decirte porque la verdad es que todavía estoy empezando. Lo mismo que te decía antes que la parte de los premios no tiene que ver con la literatura, es algo que puede venir o no, o puede no llegar jamás, la promoción y la sobreexposición que tiene un autor o autora para hablar de sus libros no tiene nada que ver con la escritura. Si te dedicas a escribir es porque te gusta estar sola en una habitación muchas horas. Y esa va a ser tu vida. Tu vida de escritora va a ser en una habitación sola muchas horas. Si te gusta eso, te gusta lo que estás haciendo. Si te gusta lo otro es mucho mejor hacer teatro, que siempre tienes público, o espectáculo de magia o circo, que siempre tendrás alguien que te aplauda. Yo llevo tres años escribiendo este libro, donde solo ha existido para mí y mi habitación. Por suerte, puedo decir que ha sido un libro muy vivo porque se ha ido creando en relación con otras personas. La parte de la promoción la llevo con bastante tranquilidad y algo que me agrada especialmente es el contacto con los lectores. La parte de las entrevistas es algo que forma parte del juego. Cuando gané el Felipe Trigo ya tuve en su momento una promoción que me llevó a Sevilla, Valencia, Barcelona. Ahora estoy en Alfaguara, que ha hecho una gran apuesta por este libro y no sé cómo será con esta situación tan extraña que nos ha tocado vivir.
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