Publicidad
No vengas con cuentos

No vengas con cuentos

OPINIóN IR

02/12/2020 A A
Imprimir
No vengas con cuentos
Cuenta la leyenda que cuando, a comienzos del siglo XIII, se empezó a construir la Catedral de León, existía un descomunal topo que, por la noche, socavaba los cimientos que los arquitectos habían alzado por el día. No nos consta que el topo viniera de Valladolid. Pero finalmente fue muerto y su pellejo colgado del techo de la Catedral, durante siglos. En cualquier caso, no sin dificultades, la Sede salió adelante, desafiando a los cielos o acercándose a los dominios divinos. Buena, bonita y barata respecto a la Catedral de Valladolid, que Juan de Herrera dejó a medio construir, por falta de presupuesto. Aunque, como sabemos, con la Junta en casa, tienen dinero para todo.

La importancia del cuento la define un poema de León Felipe: «Me sé todos los cuentos...». Cuentos y leyendas que siempre resultan interesantes. La tradición oral –ahora audiovisual– constituye un género literario, desde la noche de los tiempos: La Odisea, la Biblia, los Vedas, etc. Pero, tras el inocente velo de los cuentos, late el reflejo de una realidad, tabú para su época, para hoy y para siempre: El hambre, el engaño, la astucia y la estupidez, la huida, la muerte y los malos tratos a niños, mujeres y ancianos. Aunque, estos últimos no siempre eran inocentes sino, más bien, malignos. Esta interpretación la abordó, en el siglo XIX, un gramático ruso –Vladimir Propp– en su obra ‘Radiografía de los cuentos populares’.

En la actualidad, los topos siguen siendo una plaga, como los que arruinan las cosechas en la Tierra de Campos. Se multiplican, y alimentan sin límites, como los políticos y cargos públicos. Unos devoran el trigo y otros los presupuestos. No son como los topos de John Le Carré, pues no sólo no arriesgan sus vidas, sino que ponen en peligro las de la gente común.

Pongamos por caso a una ministra de Educación –Celaá– pues en sólo unos meses ha roído todo el sistema educativo, por completo. En la jaula de Exteriores, pondría a Ábalos, Marlaska y Laya... Bueno, también a Pedro Duque, cuyo medio es la estratosfera. Sorprendente es el caso de Ábalos y Delcy, desafiando a la Interpol, como un 007 de pacotilla. El segundo –el juez– tiene varios frentes sin control; etarras, nacionalistas y emigrantes ilegales, que viven su luna de miel en lo que eran las Islas Afortunadas, que ya no lo son. De la actividad de Laya, mejor que no haga nada, no vaya a preparar un conflicto. En cuanto a Justicia, han conseguido enfrentar a los jueces, cuya balanza falla más que una escopeta de feria. Como vemos, complicaciones no faltan, sino que más bien las crean. La Monarquía, o se pone las pilas, o el Rey sigue el camino de Alfonso XIII, que sería un fastuoso regalo para los rufianes.

Y para acabar, un cuento más. Es de Hofmann, y se titula: ‘Cascanueces y el Rey de los Ratones’. Recreado por Chaikovski. El título queda dicho. Los personajes póngalos usted.

Y colorín, colorado, este cuento no ha acabado.
Volver arriba
Newsletter