Margarita Alexandre; a cien años de una de las pioneras olvidadas del cine español

La plataforma de cine español, FlixOlé, estrena el 4 de julio el documental ‘Margarita Alexandre’ de Fermín Aio (2017) con motivo del centenario del nacimiento de la cineasta leonesa

Clara Nuño
28/06/2023
 Actualizado a 02/07/2023
Margarita Alexandre en una escena del documental | FLIXOLÉ
Margarita Alexandre en una escena del documental | FLIXOLÉ
La guerra le sorprendió en Almuñécar bañándose en la playa, tan contenta. Tenía trece años, aunque decía que siempre, cuando niña, la tomaban por mayor debido a su altura y carácter forjado. Lo cuenta Sonia García López, profesora de la Universidad Carlos III de Madrid y autora de ‘El cuerpo y la voz de Margarita Alexandre’, un libro que recoge un compendio de entrevistas con una de las principales pioneras del cine español en el franquismo, que ha quedado prácticamente abandonada a un rincón de la memoria colectiva -y selectiva- nacional.

Alexandre (León, 1923-Madrid, 2015), nació en el seno de una familia acomodada. No podría ser de otra manera, no podría haber llegado a “ser alguien” siendo mujer en un país desangrado y represivo. No podría haberlo sido, casi, incluso con aquella ventaja, pero lo fue. Decía, también, que nació en León de casualidad. Su madre lo hizo en Puerto Rico y su padre en Francia, una circunstancia -la paterna- que marcaría su modo de ver y relacionarse con el mundo que le rodeaba. “Yo era tan rubia, medio extranjera, que eso me abrió las puertas del cine casi por casualidad”, le comentaría, ya nonagenaria, a García López durante sus sesiones de entrevistas.

Se mudó a Valencia en enero del 38 hasta que acabó la contienda. Allí trabajó y pasó hambre y se manchó las manos de muchacha enflaquecida, jugándose el tipo por una ración de pan blanco más, “porque en Valencia el pan se hacía entonces con arroz en lugar de trigo y yo no lo llegué a ver negro, más allá de por las manchas de los conductores de cisternas, que me lo ofrecían con los monos de faena impregnados de petróleo”. “El día que acaba la guerra para mí fue un día triste. Lo recuerdo perfectamente: estaba en casa, y una de mis hermanas se fue a la calle a pasear a dar gritos. Yo me quedé allí, dando vueltas hasta que me dejé caer en un rincón de la galería. Me quedé dormida y luego me despertó una radio a todo volumen… no sé. Toda la ciudad estaba dando gritos, todas las radios encendidas… salieron todos los que estaban camuflados, porque eran franquistas, o simplemente, porque esperaban que aquello se acabara para encontrarse con sus familias… El caso es que las calles hirvieron. Todo el mundo se echó a la calle. Pero también se cerraron ventanas, porque había gente que tenía miedo”, escribió en un fragmento de sus memorias, hoy inconclusas, que le mostró a García López.

Después, empezó a estudiar en Madrid, en la Alianza Francesa, y comenzó a hacer pequeños papeles como actriz secundaria en producciones que llevaban amigos y conocidos suyos. En muchas de ellas ni siquiera figura su nombre en los créditos. Fue entonces cuando le entró la pasión por la gran pantalla en todas sus vertientes. “La vida no tenía tanto interés y el cine… el cine sí tenía interés”, rememora una mujer diminuta, apergaminada, que clava una mirada cargada de nostalgia en el objetivo de una cámara que, esta vez, tiene a su figura como protagonista. Es un fragmento del documental ‘Margarita Alexandre’ de Fermín Aio (2017) que se estrenará en la plataforma de cine español, FlixOlé, estede julio.

“Se convirtió, quizá, en una de las personalidades más importantes del cine en el franquismo, pudo abrir camino y convertirse en referente que otras pudieron heredar. Si no lo hizo, si no la recordamos apenas es porque se marchó de España demasiado pronto”, Cuenta García López en conversación con La Nueva Crónica.

Revolución CubanaCuba fue el territorio elegido para el desembarco de Alexandre, que no iba sola. Lo hizo acompañada de su amante y compañero tras la cámara, Rafael Torrecilla, porque Alexandre estaba casada con otro hombre y, en aquella España en la que el papel de la mujer había quedado reducido a las labores domésticas, el divorcio sólo podía hacerse de una manera: largándose.Alexandre se marchó para poder contraer matrimonio y hacer un cine lejos del yugo de la censura española. Sobre todo por lo segundo, ya que siempre contó con el apoyo de su primer marido, el conde Juan Melgar y Rojas, que respetó su libertad y deseos. “Le parecía normal que yo hiciera cine y viajara y me fuera con otros señores. Era bastante raro”, recuerda la propia Alexandre en el documental para agregar que estaba convencida de que dio con un hombre extraordinario. “No habría podido encontrar en aquella España a otro igual”.“En Cuba su figura es mucho más recordada”, apunta García López, “llegó cuando estaba comenzando la revolución, la vivió desde dentro con todas sus contradicciones y allí desempeñó un rol importante ayudando a la formación y perfeccionamiento de los cineastas cubanos, que eran muy jóvenes y no tenían los conocimientos técnicos que ella sí había adquirido de manera autodidacta al trabajar como productora y directora de sus propias películas”, explica.Era la época del nacimiento del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos cubano; el ICAIC (1959). Toda una institución que marcaría la historia de la música y cinematografía cubana y latina en general. Mientras Alexandre y los suyos se ponían tras las cámaras, otras grandes figuras como Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Leo Brouwer o Sara González desplegaban las alas de lo que acabaría conociéndose como La Nueva Trova Cubana. Cuba bullía y Margarita lo hacía con ella.Vivió allí durante once años en los que, junto a Torrecilla, trabajó en estrecha colaboración con Tomás Guitiérrez Alea, Titón, uno de los cineastas cubanos más influyentes del momento. Durante aquella época acumuló muchas vivencias, algunas no tan dulces, como el suicidio de su hija adolescente embarazada.Obra en EspañaPero regresemos a los años anteriores de su etapa en Cuba, a sus primeros tiempos en España, a las películas en su país y a la censura que las destripó por su actitud revolucionaria a pesar de que ella, a juicio de García López -que pasó casi dos años entrevistándola-, intentó mantenerse en una posición ambivalente para sortear la censura en un momento en el que lo tuvo especialmente difícil porque, según explica García López, “la producción y dirección cinematográfica estaban reservadas para los hombres”.Fue durante el rodaje de ‘Puebla de las mujeres’ (1953) de Antonio del Amo cuando conoció a Torrecilla, con quien se embarcaría en la creación de su propia productora, Altamira Films, que acabará renombrándose como Nervión Films y en la que colaborará la tercera pata de su vida, el director de fotografía Juan Mariné.Juntos, rodaron y produjeron Cristo (1953), La ciudad perdida (1954), adaptación de la novela homónima de Mercedes Fórmica, y La Gata (1955), primera película rodada en Cinemascope con capital íntegramente español e interpretada por Aurora Bautista y Jorge Mistral.“Cristo es el primer largometraje sobre arte que se hace en España, es una película sobre pintura y es precursora de un género. Ya se habían hecho algunos cortos, pero largos ninguno y ellos dieron ese paso”, apunta García López durante la conversación con este periódico. “El personaje más pintado de la historia es Cristo y nosotros queríamos hacer una peli sobre pintura, sobre cuadros que hablaran”, explica con sencillez la propia Alexandre anciana frente a las cámaras de Aio.No obstante, para García López, La ciudad perdida es quizá la más importante. “Hablaba de la reconciliación entre los españoles a través de la relación que se forja entre una mujer de clase alta nacional y ‘un rojo’”, continúa, “ya habían comenzado a aparecer algunas películas que trataban la relación entre los vencedores y los republicanos, pero siempre de manera punitiva”.La película salió a la luz, sí, pero fue destrozada por la censura. “En realidad era una tontería. Es la historia de un hombre, se sobreentendía que exiliado, que viene a España con un grupo, no se especificaba si era terrorista o no. Cada vez que veo que en Italia la titularon ‘Terroristi a Madrid’ me quedo tiesa”, le explicó Alexandre a García López durante sus conversaciones, para aducir que, quizá, por eso se montó un rifirrafe con el estreno en España. “Mis recuerdos están frescos y recuerdo muchas cosas. A los censores casi no les faltaba más que comer hierba. No entendían nada”, le dijo.Después, Cuba. Luego México y, más tarde, Italia. A España regresó para quedarse en los 70, en los últimos coletazos de la dictadura franquista. “Le costó mucho que le contratarán por aquí, a pesar de su trayectoria y a pesar de financiar la película ‘Operación Ogro’ (1980) sobre el atentado a Carrero Blanco y que ha dejado la archiconocida fotografía del coche volando, obra de Emilio Ruíz del Río”, completa García López.

Memoria y olvido

“Yo la conocí por causalidad”, explica Fermín Aio, director del documental, en conversación con este periódico. “Fui al festival de mujeres en Bilbao, que lleva haciéndose años (Zinemakumeak gara!), y me lo enseñaron unas amigas de mi madre que organizaban parte del festival”, recuerda el cineasta vasco para relatar que en una de esas ediciones le otorgaron un premio a Alexandre. “Ellas me dijeron que fuera, que grabase algo e hiciéramos una pequeña entrevista. Eso hice, y me quedé encandilado”, sonríe Aio. “Me contó su vida y fue alucinante”, cuenta Aio quien, tras aquella entrevista convertida en un documental de 10 minutos, se quedó con ganas de más. “Me parecía increíble que hubiera hecho tantas cosas y yo no la conociera de nada”, continúa. Así que le propuso hacer el documental y ella aceptó, aunque no llegó a verlo estrenado con vida.

La pregunta lógica, entonces, es ¿Por qué? ¿Por qué hasta hace unos años el nombre de Margarita Alexandre no ha comenzado a sonar de nuevo?

“El exilio, sumado al hecho de ser una directora en una España en la que la mujer tenía que pedir permiso para ir a trabajar y el carácter contestatario de la propia autora, fueron circunstancias que en mi opinión influyeron en el recuerdo que apenas ha llegado hasta nuestros días”, opina Aarón Ortega, responsable de comunicación de FlixOlé, quien señala que, desde la plataforma han programado una colección especial para reivindicar una de las figuras pioneras del cine español en el aspecto femenino. “También tenemos pensado reivindicar a Ana Mariscal, coetánea suya que sí se quedó en España y quizá por eso sea más conocida, pero en su faceta de actriz, no de directora”, comenta Ortega.

“Hubo un movimiento, a partir de los 90, que buscaba recordar figuras como esta y, luego, a partir de 2010 también han empezado a moverse las cosas y seguimos caminando en esa dirección: en marzo de este año la Filmoteca Española programó un ciclo con varios de sus largometrajes y, además, está organizando una exposición por el centenario de Alexandre, Ana Mariscal y Lola Flores que verá la luz en octubre”, enumera García López, quien señala que, de un tiempo a esta parte, poco a poco se está comenzando a recuperar la memoria de figuras olvidadas. Muchas de ellas, mujeres.

En cuanto a Alexandre, el impacto de su marcha en la memoria colectiva es algo en lo que todos los entrevistados coinciden: se desgajó de España muy pronto como para tener arraigo, aunque también influyó su carácter en lo laboral, duro pero despojado de ego: le interesaba el cine y trabajar en equipo, nada más. “Iba trabajando y trabajando, pero no se le reconocía su labor como se debía, tenía un temperamento muy conciliador y todas sus películas son codirigidas, huyó bastante del ego y del tener que figurar”, apunta Ortega.

“Fíjate”, recuerda riendo Aio, “si durante el documental discutíamos sobre el guion y que no quería que la grabase mucho, y yo le decía, ¡Pero Margarita, si la protagonista eres tú!, y ella me respondía, ‘ya, pero una vieja hablando… ¡Eso no es interesante!’”
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