En circunstancias normales el rocío obliga a suspender el corte a la una de la noche, pero estos días no hay rocío Con esto bien claro y con su amplia experiencia, ‘Pivo’ prefiere cambiar al turno de noche, de las 22:00 a las 10:00 horas, aproximadamente, el horario opuesto al habitual. Tienen que recoger el grano cuando no hay rocío, porque la mies húmeda daña la máquina. Sin embargo, estas noches la temperatura no ha bajado de los 18 grados y no ha habido condensación.
Por supuesto, no está solo, con él están los agricultores que han cultivado el trigo, el ‘pan’, y que también pasan la madrugada con el tractor o el camión para transportar el grano a su siguiente destino. No es ninguna sensación nueva, porque quien más y quien menos, ha pasado madrugadas regando en un sistema que no está modernizado, que funciona con pozos, y sigue exigiendo estar al pie del agua para que todo vaya como debe. Algunos se sorprenden por estar segando a las cinco de la madrugada, pero comprenden la situación, «lo que quieren es recoger la cosecha cuanto antes y seguir trabajando», reconoce ‘Pivo’.Protocolo contra el fuegoA pesar de la nocturnidad, hay que mantener el protocolo habitual para minimizar el riesgo de incendio, con la cosechadora en perfectas condiciones, dos mochilas de pulverización siempre cargadas, batefuegos, dos extintores, el agricultor o transportista prevenido ante cualquier inconveniente, también con sus propias herramientas, etcétera.En cuanto al trabajo, que sea de noche no influye tanto como el propio terreno y el estado del cultivo. «Para encontrar las parcelas, es a lo que más afecta», bromean ‘Pivo’ y el cliente de esta noche. Apuntan que es posible que la ausencia de insolación y la temperatura más baja reduzcan el desgaste de la máquina, pero no tienen prueba científica y la limpieza y mantenimiento de la Class son exactamente losmismos. Incluso si surge un inconveniente, la disponibilidad en la cadena de suministros y de los servicios del mecánico o el tornero sigue determinando el tiempo del parón. Muy pocas averías se resuelven ‘al momento’ —siempre con varias horas— con este tipo de maquinaría. En esta época de máximo trabajo el teléfono no dejar de sonar en los talleres. También aumenta la actividad en los almacenes, aunque aquí el ambiente es otro. Cuando más falta hace, merma la producción. Cuando sube el precio, se disparan los costes.El cambio del paisaje
En la cabina, la actividad es la misma que si fueran las cinco de la tarde: Controlar la dirección del vehículo, la altura y velocidad del peine y la carga de la tolva; afinar el oído ante los ruidos, por si delatan alguna avería; Y ejecutar la operación de descarga en el remolque cuando procede. La única diferencia es que todo ello se realiza dentro de un campo de visión reducido a la iluminación —potente, pero concentrada— de los faros de trabajo. Al caer el sol, la línea del horizonte que se ve inalcanzable desde al asiento a tres metro sobre del suelo se adapta a la longitud del haz de luz. La torreta eléctrica, el mojón o la encina, que durante décadas han sido referencia, siguen ahí, pero ocultos. El Santuario de Castrotierra permanece como un faro, marcando el norte.En lo que más afecta la noche es en «encontrar las parcelas», bromean a la orilla del rastrojo Cambia el paisaje y los programas de la radio, un poco menos estridentes. En los boletines horarios anuncian que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) prevé tormentas para este lunes, por lo que la ola de calor podría empezar a remitir este martes. Con la vuelta a la normalidad, ‘Pivo’ retomará el horario normal, pero de momento toca cambiar el sueño.
El locutor también habla de la Guerra en Ucrania y la inflación. ‘Pivo’ y su cliente agricultor conocen bien ambas cuestiones. Sin una palabra, su gesto y su mirada lo dice todo. Son las cuatro de la madrugada, sumergidos en la quietud de un rastrojo a varios kilómetros del pueblo más cercano, escapando de la canícula y haciendo frente a la crisis. El cosechador y el recolector nocturno, dan una palmadita, estiran los brazos y alzan el mentón. Mientras se pueda, toca seguir trabajando.