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Negra

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OPINIóN IR

25/08/2022 A A
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Negra
Este artículo está dedicado a los amantes de la novela negra. Edmund Crispin, seudónimo que Bruce Montgomery utilizaba cuando escribía, nació en 1921 y estudió en el Saint John’s College de Oxford, donde se licenció en Lenguas Modernas y fue organista y maestro de coro. Era un Erudito (con mayúsculas) y en todos sus libros se refleja esta condición que adquirió leyendo todo lo habido y por haber y que acompaña a todas sus novelas.

El protagonista de sus libros es Gervase de Fen, profesor de literatura inglesa en la Universidad de Oxford y detective aficionado que resolvía todos los casos que se le presentaban. Era íntimo amigo del Jefe de Policía de Oxford, cuya verdadera pasión era la de escribir libros sobre los clásicos ingleses. Antes de continuar, un consejo: si alguno de mis cuatro lectores se decide a leer sus libros, es muy recomendable que lo haga con una enciclopedia al lado, porque la necesitará para comprender todas las citas, innumerables, que acompañan cada página de sus escritos.

Bruce Montgomery decía que lo que más le gustaba era nadar, fumar, leer a Shakespeare, escuchar óperas de Wagner y Strauss, vaguear y mirar a los gatos. Sentía, en cambio, una gran antipatía por los perros, las películas francesas, las películas modernas inglesas, el psicoanálisis, las novelas policíacas psicológicas y realistas y el teatro contemporáneo. No es de extrañar que su protagonista fuese idéntico a él en sus gustos y en sus fobias.

En ‘Trabajos de amor ensangrentados’, una de sus novelas más atrayentes, mezcla el hallazgo de una supuesta obra perdida de Shakespeare con unos crímenes imposibles de resolver y sus andanzas de fin de semana en la campiña inglesa, muy cerca de Stratford-upon-Avon, lugar de nacimiento del dramaturgo. En esta novela se atreve a criticar la vida y la obra de Shakespeare sin ningún rubor, algo impensable en el Reino Unido hasta entonces. Tanto Fen como los protagonistas secundarios de la novela (y de todas las demás de Bruce) beben como cosacos aburridos, se entrometen en la vida de los lugareños, molestándolos a cada instante, y dejan fluir sus ideas sobre todo lo que tenga que ver con todas las ramas del arte vigentes en Inglaterra.

En ‘El Misterio de la mosca dorada’, sobre los ensayos y representación de una obra de teatro de un autor maldito en Oxford durante la segunda guerra mundial, la promiscuidad descontrolada, el exceso de alcohol, las envidias en la compañía de actores y la muerte, vagan juntos desde la primera a la última página de la novela, acompañadas, una vez más, de una erudición fuera de lo común, hasta tal punto que parece que los crímenes son lo menos importantes de la trama. En realidad es así: los crímenes son la excusa para que surja el relato, siempre apasionante.

Pero su novela más famosa es ‘La juguetería errante’. Un famoso poeta londinense vuelve a Oxford porque está depresivo y piensa que se curará en el lugar dónde fue feliz de joven. Se mete, sin querer, en una juguetería y descubre el cadáver de una mujer. Cuando iba a buscar ayuda, es golpeado en la cabeza. Al despertar, salta por una ventana y va a la policía. Al volver al lugar, descubren que en el local no hay ninguna juguetería sino una tienda de alimentación. Desconcertado, acude a Gervase de Fen quién, después de mil y una peripecias y situaciones descontroladas, halla la solución, intrincada a más no poder. Son doscientas y pico de páginas trepidantes, en las que nadie adivina la solución hasta que es demasiado tarde, a punto de llegar al final de la obra. Como en el resto de su obra, en esta aparecen cientos de matices relacionados con los cánticos de los coros de los oficios religiosos de los College, con las obras de teatro que se representan en la ciudad en esos momentos, así como las discusiones que mantienen permanentemente el Jefe de la policía y el detective, cada cual interesado por su afición más que por su profesión.

Si os gusta la novela negra, por favor, leed a este autor. Quedaréis admirados de todo lo que leeréis. No se parece en nada a los habituales bodrios que nos venden en las librerías y en Internet y que no pasan de ser intentos, no logrados, de uno de los géneros más de moda y de actualidad dentro de la literatura. Hay mucha paja y poco grano habitualmente por ahí, en los ‘bets seller’ que las editoriales venden como obras maestras y que no lo son. En este campo, como en todos, lo más sensato es volver, de vez en cuando, a los orígenes. Esta movida la inventaron los británicos y por algo sería. A lo mejor es la bruma que los envuelve, su té o sus galletas digestivas. Pero son los mejores, no lo dudéis. Salud y anarquía.
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