No hay peor enemigo que las falsas expectativas, ya que estas generan frustración, que es precisamente lo que ha pasado a muchas personas durante estas fiestas. No estábamos preparados para la montaña rusa de emociones en la que se ha convertido esta Navidad. En primer lugar, enfrentándose al dilema de si realizarse o no unos antígenos, asaltando la duda de si era mejor vivir en la ignorancia o conocer la realidad, aunque este conocimiento acarreara todo tipo de contratiempos. En las pasadas Navidades nadie habría dudado, pero en estas últimas ha sido muy diferente. Y por otro lado, en los casos de los agraciados con las dos rayas en los test de antígenos, en sólo unos segundos tuvieron que asumir que esa comida o cena familiar, que se había convertido en una batalla ganada en la recuperación de la vida pasada, al final se convirtió en una pesadilla llena de soledad y hastío.
Pero si alguien todavía tenía dudas de que la Navidad ya no es lo que era, el cambiazo que nos han dado con ‘El calvo’ de la lotería es otra prueba de ello. Recordarán que durante muchos años el protagonista del anuncio de la lotería nos acompañaba en el inicio de la Navidad. Pues hemos pasado de ‘El calvo’ de la lotería a la calva de Pedroche. Así está el patio. ¿Evolución o involución? Yo no tengo dudas, pero elijan ustedes.
Ahora que ya están guardados en los trasteros los belenes, árboles de Navidad, espumillones y demás elementos decorativos, sólo nos queda esperar que cuando volvamos a rescatarlos, la Navidad de las narices dé paso a la Navidad de las sonrisas.
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