La idea nació a partir de la propuesta del Palacio de Hielo que llevó a cabo el Ayuntamiento astorgano el pasado 2019, reutilizando el poliespan que cubría el edificio Consistorial maragato, con el fin de otorgarle una nueva y, a tenor de los acontecimientos, larga vida. Y es que, en lo que otros veían simples desechos, Raquel vio una oportunidad de construir todo un paraje alrededor de las figuras. La apuesta por poner en valor unas piezas y una imagen tradicional, a partir de la reutilización de recursos, caló en el equipo de gobierno de la bimilenaria, y desde entonces, la propuesta ha ido creciendo y consolidándose como una nueva tradición navideña, de la mano de esta artista.
Destacar que cuando empezó, este belén no superaba los cinco metros de largo, pero esta tercera edición ya cuenta con unos 16, además de ampliarse el fondo.Así, la artesana ha ido adaptando los materiales a las piezas y también al local en el que se exhibe, que, si bien este año se aloja en la confluencia entre la Calle Pío Gullón con José María Goy, cada año se puede observar en un emplazamiento diferente, lo que entraña una mayor dificultad para la creadora, que, por su parte, no ve sino un nuevo reto que afrontar, con ilusión y, por supuesto, una gran visión de conjunto.
La creadora diseña cada año un nuevo paisaje, que elabora con materiales reutilizados y naturalesNo es difícil encontrar a Raquel recogiendo hojas o ramas –entre otros elementos–, que concibe para el paisaje que ha construido. Elementos que pasan de ser eso, simplemente materiales desechables o naturales, a rocas, ríos, cascadas o casas, que cada año se transforman, haciendo que este belén sea único y diferente edición tras edición. Tanto es así, que cada año hace referencia a una estación, siendo ésta el invierno, y la del año que viene la primavera.
Además, este belén incorpora también muchos motivos relacionados con la ciudad de Astorga y con la comarca maragata, como son la Cruz de Ferro, las pallozas astures, el mosaico romano, el chocolate, las mantecadas o incluso una nueva cocina de curar y un peregrino, que son algunas de las novedades que se pueden encontrar este año dentro de este original belén del que Astorga presume con orgullo desde hace tres ediciones.
Para la artesana, lo más bonito de esta experiencia es poder «crear algo desde la nada». Porque dar vida a estas figuras tan tradicionales para la bimilenaria es el fin último de esta propuesta, que tiene vocación de continuidad, con la idea de seguir «cambiando y creciendo cada año».
