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Nadie da el Do de pecho como Juan Diego Flórez

Nadie da el Do de pecho como Juan Diego Flórez

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La soprano Natalie Dessay en un momento de la representación de ‘La hija del regimiento’. Ampliar imagen La soprano Natalie Dessay en un momento de la representación de ‘La hija del regimiento’.
Javier Heras | 11/03/2021 A A
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Nadie da el Do de pecho como Juan Diego Flórez
Ópera ‘La hija del regimiento’ es la opera de Donizetti que este jueves llega a Cines Van Gogh, con protagonismo del tenor peruano y de la versátil soprano francesa Natalie Dessay
Es casi imposible agrupar más y mejores ingredientes en una sola producción de ópera. Por un lado, la escenografía brillante del parisino Laurent Pelly (1962), inmediatamente reconocible por su estética de cómic, con mapas que forman montañas. Por otro lado, la excepcional Filarmónica de Viena, a las órdenes del canadiense Yves Abel (1963). En el elenco, nombres consolidados como el del barítono Carlos Álvarez. Pero si esta ‘Fille du régiment’ de Viena en 2007 pasó a la historia fue por la despedida de Montserrat Caballé –que con 74 años ponía punto final a medio siglo de carrera– y por la pareja protagonista, dos de los mejores cantantes ligeros de las últimas décadas: Juan Diego Flórez y Natalie Dessay.

La versátil soprano francesa (Lyon, 1965) ya había asombrado a la crítica al llevar a buen puerto la proeza de encarnar a las cuatro musas de ‘Los cuentos de Hoffmann’, cada cual con un registro distinto. Aquí, en el papel de una huérfana criada en el ejército -con los rudos modales de los soldados-, demuestra no solo vena lírica, ternura y precisión en las vertiginosas coloraturas, sino también cintura para los gags de humor, fundamental en este título de Gaetano Donizetti.

En cuanto al ídolo peruano (Lima, 1973), sale airoso de la célebre aria ‘Ah! Mes amis’, culminada con los nueve (!) Do de pecho de la cabaletta ‘Pour mon âme’, uno de los mayores retos para cualquier tenor por su velocidad y registro. Elegante, firme y expresivo, aquel curso Flórez ya había logrado –con esa misma pieza– el primer bis que La Scala de Milán presenciaba desde 1933, cuando los prohibió Toscanini.

Este jueves Cines Van Gogh retransmite ‘La hija del regimiento’ a las 19:15 horas, grabada en directo desde la Ópera Estatal austriaca. Esta comedia en dos actos supuso el primer encargo que el genio de Bérgamo (1797-1848) llevó a cabo para la Opéra-Comique de París. En 1840, en pleno auge de su fama, se había mudado a la capital francesa –por entonces epicentro cultural de Europa–, cansado de la censura de su país. Como tantos otros –de Verdi a Rossini–, tuvo que adaptarse a las fórmulas del teatro: los diálogos hablados (en vez de recitativos), el texto escrito por dos libretistas de la casa, Saint-Georges y Bayard, el idioma francés, los coros patrióticos… Mantuvo, eso sí, sus señas de identidad: las impagables líneas vocales, los conjuntos endiablados, la chispa de un argumento lleno de giros, herencias, enredos familiares, bodas ante notario. Escenas como la divertida clase de canto remiten a ‘El barbero de Sevilla’.

‘La hija del regimiento’ nunca ha maravillado a la crítica (ya en 1840 Il Figaro la calificó de «pequeña farsa sin sentido»), pero el público la adora. Irónica y sentimental, fue la única de las 66 creaciones de Donizetti que siguió en cartel incluso durante el declive del bel canto, a finales del siglo XIX. Su carismática protagonista conectó con las mujeres de la época: era habitual que en tiempos de guerra se alistasen como enfermeras. En Francia agradó mucho el retrato amable de la armada y la incorporación en la partitura de los ritmos militares del tambor y de himnos como ‘Salut à la France’. Desde entonces, los teatros la representaron el 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla.

Ya en el siglo XX, ‘La fille’ pervivió como vehículo de lucimiento de los cantantes, que afrontan adornos, trinos, saltos, sobreagudos… Eso sí, el autor de ‘Don Pasquale’ sabía equilibrar los pasajes frívolos con otros de profunda melancolía. El ambiente paródico se reserva a las escenas colectivas, pero las intervenciones en solitario resultan conmovedoras, en especial la tristísima ‘Par le rang’, de la soprano. Como su coetáneo Bellini, Donizetti brillaba por su capacidad de crear frases largas, bellas, pegadizas. Ya lo dijo Mendelssohn, poco dado a elogios: «Ojalá yo hubiera escrito ‘La fille’».
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