Publicidad
"En un día logramos 250.000 euros para oxígeno en Iquitos, que se 'ahogaba'"

"En un día logramos 250.000 euros para oxígeno en Iquitos, que se 'ahogaba'"

CULTURAS IR

Miguel Fuertes con uno de los colaboradores cercanos en la dura batalla para lograr que haya oxígeno para los enfermos de una ciudad colapsada. Ampliar imagen Miguel Fuertes con uno de los colaboradores cercanos en la dura batalla para lograr que haya oxígeno para los enfermos de una ciudad colapsada.
Fulgencio Fernández | 10/05/2020 A A
Imprimir
"En un día logramos 250.000 euros para oxígeno en Iquitos, que se 'ahogaba'"
LNC Domingo Miguel Fuertes, misionero de Nistal de la Vega en Perú, encabezó lo que llaman el milagro de Iquitos, montar en días plantas de oxígeno donde no se veía salida al colapso que produjo primero el dengue y después el Covid
Las historias de misioneros leoneses por el mundo bien merecían un tratado dentro del capítulo de la solidaridad, casi siempre en condiciones extremas. La última, la del agustino Miguel el Fuertes, de Nistal de la Vega, en la selva peruana, ha alcanzado tal dimensión que por allí hablan de ‘El milagro de Iquitos’, que es la ciudad donde ha ocurrido.

Les adelanto en qué consiste el milagro. Iquitos vivía una situación límite, asolada por una epidemia de dengue cuando irrumpe y se extiende el Covid 19. La falta de oxígeno, fundamentalmente, es acuciante y haría falta mucho dinero para comprarlo o, mejor, montar plantas de oxígeno. El leonés se pone al frente de una misión casi imposible, lograr los primeros 400.000 soles (más de 100.000 euros) para montar una planta... «Y en menos de un día, desde las 10 de la mañana del domingo hasta la noche, recaudamos 1 millón de soles. Y al día siguiente llegamos al millón y medio. Yo no hablaría de milagro, pero es un rayo de esperanza para todos... y emocionante».

Ese es el resumen de una increíble historia de solidaridad con un leonés al frente. «Soy de Nistal de la Vega, allí sigue viviendo mi madre anciana, de más de 95 años, y buena parte de mi familia. En León estudié, en el Colegio de los Agustinos derribado en 1976 y en el que yo fui de los alumnos de la última promoción que hizo allí el COU, en 1976. Y a León regreso todos los años, a recargar las pilas, a ver a mi madre, a la familia... pero este año va a ser difícil».

Después Fuertes se hizo agustino, pero ya pensando en ser misionero. «Soy de los Agustinos Filipinos, los de Valencia de Don Juan, una congregación que llevamos en el ADN ir a las misiones, primero fue en Filipinas, de ahí el nombre, pero ahora estamos en todo el mundo. Yo llevo 37 años en Iquitos, desde 1983, y para seguir aquí, no tengo ganas de irme, es un lugar muy atractivo para nuestro trabajo, el trato de la gente es extraordinario y esto que me acaba de ocurrir me ha emocionado».

- ¿Sólo ha estado en Iquitos?
- No, estuve un año en Colombia. Pero no es extraño permanecer en una misión; tengo aquí un compañero de Tábara, en Zamora, que tiene 86 años y lleva aquí 60, en la selva, pues dice que la selva es embrujadora, que nos embruja y nos atrapa. Y le creo.

Volvamos con la historia, con el milagro de Iquitos que a él no le gusta llamar así pues, explica, «el trabajo de la Iglesia en estos lugares es diferente al que se realiza en España, ni mejor ni peor, diferente. Si no nos sumamos a causas como esta de combatir la enfermedad entendemos que no seríamos la Iglesia de Jesucristo».

Explica el agustino leonés que Iquitos, con medio millón de habitantes, está aislada, en la selva. «Aquí o vienes en avión, desde Lima, en un par de horas o por carretera tardas prácticamente un día, más de 20 horas, y por río, lo más habitual, tardas dos o tres días». Añade que se trata de una ciudad tiene un centro histórico (de tan solo 150 años) y alrededor vive mucha gente de aluvión, «venidos del río, que habitan en lugares que se inundan con frecuencia, con casas en malas condiciones. En esa situación la ciudad ya vivía una epidemia fuerte de dengue, tanto que ya tenía colapsado el sistema de salud. Y aparece el Covid 19, pues Iquitos fue uno de los primeros lugares de Perú donde se propagó, y pese a decretarse el aislamiento social el virus regó la ciudad, con miles de enfermos y muchos fallecidos pues, como he dicho, el sistema ya estaba sobrepasado por el dengue. Era terrible la situación».

El problema más grave, al ser dos epidemias que producen problemas respiratorios, era la falta de balones o bombonas de oxígeno. El sistema de salud tenía unas cien botellas «por todo capital» y se estimaba que necesitaba al menos 500 diarias para los que ya estaban enfermos. En esta situación caótica surge el contrabando, el precio se multiplica hasta por 35… «Una recarga, que unos meses atrás costaba 80 soles, poco más de 21 euros, el domingo por la mañana estaba en 2.800 soles (35 veces más que el precio habitual)».

Y, explica Miguel Fuertes, que los sacerdotes de la misión se preguntaron qué hacer. «Vimos fundamental combatir la falta de oxígeno, pero no era fácil. Traer una bombona de Lima, que no te da ni tan siquiera para un día, nos costaba alrededor de mil euros, en avión. Por río era más barato pero tardaría 10 días y la situación era extrema y pensamos en levantar plantas de oxígeno. Nos dijeron que una costaría 400.000 soles (más de 100.000 euros) que es una millonada allí, pero nos lanzamos a ello. Era el domingo por la mañana y arrancó un tsunami completo, tanto que al final de ese mismo día ya teníamos un millón de soles. Pronto pasamos del millón y medio y este domingo, siete días más tarde, ya nos llega una primera planta de oxígeno y estamos negociando nuevas plantas, pues tenemos la plata, para traerlas de inmediato».

Miguel Fuertes reconoce que les superó la reacción de la gente pero también la repercusión. «Esta iniciativa ha significado un movimiento en todo Perú, muchas regiones nos piden ‘el modelo’, también los sacerdotes de otras diócesis pues hay situaciones parecidas en otros lugares. Nos ha superado pero agradecemos a Dios este movimiento de conciencias».

Cree el misionero de Nistal que para entender la dimensión de lo ocurrido hay que pensar en el lugar que ha sido y la gente que lo ha protagonizado. «No lo esperábamos ni nosotros pues se trata de una zona pobre, la gente vive al día, pero en el sentido más literal, es decir el día que no trabaja y gana no come. Y esa gente se sumó al proyecto. Muchos pasaba por la parroquia a entregar 2 soles, 5 soles... en mano pues no tienen ni una cuenta en el banco. También se han volcado bastantes empresas, para ofrecer grúas, maquinaria. Otros que nos ofrecen su trabajo personal, como mano de obra y muchos peruanos que viven en el extranjero y quieren enviar su aportación».

Un movimiento que el agustino define como «un rayo de esperanza», que se entiende con las palabras de unos de los feligreses de Iquitos. «Nos dijo, el oxígeno reanima, pero la noticia también, nos aporta ganas de vivir, esperanza, porque vemos que es posible ganar esta lucha a la enfermedad, todos juntos. Nos emociona la bondad de las personas, la gran mayoría, aunque haya también quien se quiere lucrar, como los que encarecieron el precio del oxígeno».

«Por suerte, los primeros son muchos más», dice un leonés de Nistal que sobre todo quiere celebrar que «esto significa que la gente confía en nosotros, en la Iglesia, pero es que es nuestro deber, estar con ellos».
Volver arriba
Newsletter