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Mil kilómetros en bici por el Cáucaso

Mil kilómetros en bici por el Cáucaso

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Monumento de la antigua URSS en Dasca, Azerbaiyán. | Reportaje gráfico: Montaraces del norte Ampliar imagen Monumento de la antigua URSS en Dasca, Azerbaiyán. | Reportaje gráfico: Montaraces del norte
María Espinosa | 27/08/2018 A A
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Mil kilómetros en bici por el Cáucaso
Sociedad Los aventureros leoneses han cruzado en 15 días la antigua ruta de la seda
Los Montaraces del norte han regresado de su viaje en bici por la antigua ruta de la seda, cruzando Azerbaiyán y Georgia. Desde su salida el 28 de julio desde Bakú en Azerbaiyán hasta su llegada, quince días más tarde a la ciudad costera de Batumi, en Georgia. Más de mil kilómetros a lomos de sus fieles corceles de hierro han recorrido los parajes que una vez pisaron las carretas de los comerciantes de la ruta que iban desde el Cáucaso hasta Europa.

Los montes, subidas y bajadas, que ha pedaleado los tres leoneses y el cántabro les han dado algún quebradero de cabeza, pero por suerte, no ha habido que lamentar durante su viaje ningún incidente grave. "Solo hubo una caída de un compañero en una de las bajadas, pero no fue grave" comenta Fernando Lanero, uno de los Montaraces. "Llevábamos 33 kilómetros de bajada en el Cáucaso», explica, y añade que «el cansancio y las temperaturas extremas son muy peligrosas, pueden hacer que en un despiste te caigas de la bici".

Las etapas más duras para los Montaraces fueron las de desierto a causa de las temperaturas extremasAunque las bajadas de las montañas no han sido los únicos peligros del viaje a los que se han enfrentado. Circular en bici por las carreteras en Azerbaiyán y Georgia «es muy peligroso», comentan los Montaraces. «El primer día que nos metimos por una carretera, a los cinco minutos nos adelantó un coche, pero en ese momento se cruzó una vaca, el coche no frenó, dio a la vaca y esta salió volando por los aires», cuenta Lanero. Además, la velocidad de los coches y el poco respecto a las bicis puede provocar que el viento que levantan los turismos al adelantar provoque la caída de algún ciclista. Uno de los miedos que tenían los ciclistas eran los golpes de calor, por eso acordaron avisarse entre ellos si alguno sentía malestar.

En su llegada, el primer día, a Azerbaiyán, tuvieron que buscar una tienda donde reparar sus bicis, ya que en el transporte del avión habían sido tratadas con poco cuidado y los frenos de una de las bicis se habían doblado. «Encontramos a un señor que se ofreció a repararlas y quedaron como nuevas», cuenta Fernando Lanero.

Para los Montaraces, las etapas más duras han sido las del desierto, las temperaturas que «llegaban a 43º grados a las diez de la mañana», por eso, explica Fernando Lanero que procuraban salir de madrugada para evitar el calor. «Solíamos salir sobre las cinco y media de la mañana y, aunque teníamos pensado parar a la una, nunca lo hacíamos antes de las dos o tres de la tarde», relata.

La experiencia vivida por los aventureros, les ha llevado a conocer culturas muy distintas y tener que adaptarse a las circunstancias de cada zona que visitaban. «El alojamiento era en casas de familias que nos acogían, en los pueblos los niños se nos acercaban. En municipios de 30 o 40 habitantes éramos la novedad, en ciudades grandes estaban acostumbrados», describe Lanero.

«En una ocasión, teníamos una subida de 45 kilómetros, así que decidimos salir poco antes de las tres de la mañana, estaba oscuro, no se veía nada, estuvimos durante dos horas en absoluta oscuridad hasta que amaneció. Acabamos la etapa a las tres de la tarde», recuerda Lanero, quien también explica que esa decisión fue «para evitar las altas temperaturas durante la subida».

Tras su llegada a León, Fernando y sus compañeros Montaraces ya se plantean su siguiente viaje. «Ya hemos visto el Cáucaso, los Cárpatos, ahora nos planteamos completarlo con los montes Urales», comenta el leonés Lanero.

Tras quince días recorriendo los caminos de la antigua ruta de la seda, los Montaraces resumen su viaje con una sola palabra «impresionante».  Ahora los aventureros descansan hasta su próxima aventura en bici que quizás les lleve a surcar la brecha entre Europa y Asia.
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