Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad
Miércoles, 24 de julio de 2019 Logo
Buscar en la web
Mostrar menú Cerrar menú

Mil almendros enraizados en una era de Villacelama que fue escombrera

Mil almendros enraizados en una era de Villacelama que fue escombrera

ACTUALIDAD IR

Imagen de vídeo
D. L. Mirantes | 14/04/2019 A A
Imprimir
Mil almendros enraizados en una era de Villacelama que fue escombrera
Comarcas El pueblo crea un espacio ecológico en unos terrenos en desuso
Hace décadas, antes de la mecanización del campo, las eras eran un lugar central en la vida de un pueblo. Entre otros muchos usos, estos espacios se utilizaban para trillar, para almacenar temporalmente otras mercancías, atar algún ganado o para la fiesta. Con el tiempo, salvo afortunadas excepciones, estos terrenos comunales devinieron en eriales con escaso o ningún aprovechamiento para los vecinos, cuando no, directamente, con costes anuales. En el peor de los casos, las eras se convertían en vertederos, escombreras o desordenados depósitos de aperos para los tractores y chatarra, formando un paisaje demasiado habitual en la provincia en el que se mezcla la herrumbrosa maquinaria con el adobe de las casetas de labranza al borde la ruina. Un paisaje que ya no se encuentra en Villacelama (Villanueva de las Manzanas).

Hace tres años, el presidente de la Junta Vecinal, Javier Pérez, reunió a 20 o 25 vecinos en las eras, para decidir qué hacer con un terreno de unas tres hectáreas en el que se habían acumulado escombros y otros residuos, se empantanaba el agua en una barrera artificial y se veía maquinaría aquí y allá. «No era de recibo tenerla así», explica el alcalde pedáneo. Además, «nos estaba costando un dinero de desbroce y mantenimiento a cambio de nada». Concretamente, Javier Pérez cifra en unos 1.200 euros al año el coste de las eras para la Junta Vecinal. Con estas razones, los vecino convinieron que había que sanear el espacio.

En aquella reunión se solicitaron ideas y una de las que surgió fue la de plantar un «bosque comestible», con diversas especies de árboles frutales, pero la iniciativa tuvo que ser desechada por diversas cuestiones técnicas. En su lugar, se optó por realizar una plantación de almendros. 1024, para ser exactos. Antes de proceder a la plantación, según explica el pedáneo, fue necesario realizar el acondicionamiento del terreno, lo que supuso la extracción de tres camiones de escombros.

Además de la preparación del terreno para los árboles, se acotó con una malla de alambre una zona de las eras destinada a la maquinaria agrícola. El vallado se completó con una puerta con candado, cuya llave tienen todos los agricultores que hacen uso del almacén abierto comunal.

Las variedades de almendro escogidas son Soleta, Belona y Guara. Para la elección, la plantación y el mantenimiento la junta vecinal cuenta con el servicio de un experto de Zaragoza, que visita dos o tres veces al año la plantación para dirigir la poda y realizar los trabajos oportunos.

La nueva plantación supone  la eliminación de los gastos de mantenimiento y una oportunidad de ingresosPor el momento, los árboles están formados, ya se aprecian las formas de sus copas y dan frutos. Pero no ha sido sencillo, en los tres años que llevan plantado han pasado la sequía y las heladas tardías del 2017 y en las ramas son visibles las cicatrices del pedrisco del pasado verano. Pese a ello, el proyecto avanza con buen pie. «Se está empezando a apreciar, sobre todo a finales de febrero o marzo, cuando están en flor. Es un paisaje que cuando se desarrollen un poquito más va a ser digno de que venga gente a verlo», apunta Javier Pérez.

El saneamiento de las eras y la plantación de almendros no tiene un fin exclusivamente ornamental. Se busca también un retorno que provenga tanto de posibles visitantes en su pequeña contribución al turismo –está en estudio la posibilidad de registrarlo con alguna figura medioambiental–, como de las almendras producidas.  Tal vez en el futuro sirva también para crear una pequeña industria y favorecer la permanencia o el asentamiento de vecinos. Esto son planes a largo plazo, pero los beneficios ya se dejan sentir. «Hoy en día que todo es a quitar árboles y echar sulfatos, siempre viene muy bien para la salud una plantación así», señala el pedáneo.

Con todo ello, a espaldas de un moderno pabellón de deportivo, de una amplia zona de esparcimiento, del parque biosaludable y del remozado consultorio médico, los vecinos de Villacelama y los visitantes pueden disfrutar de un paseo por las eras, pero a la sombra de un poblado bosque de almendros con una valiosa savia nueva para el pueblo.
Volver arriba
Newsletter