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Miguel Ángel Cercas: "La ficción nos ayuda a gestionar otras realidades"

Miguel Ángel Cercas: "La ficción nos ayuda a gestionar otras realidades"

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Miguel Ángel Cercas, autor de ‘Me gusta llevar los cordones desatados’.  | CÍRCULO ROJO Ampliar imagen Miguel Ángel Cercas, autor de ‘Me gusta llevar los cordones desatados’. | CÍRCULO ROJO
David Rubio | 07/11/2020 A A
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Miguel Ángel Cercas: "La ficción nos ayuda a gestionar otras realidades"
Literatura ‘Me gusta llevar los cordones desatados’ es el título de la nueva publicación del autor sevillano afincado en León, que vuelve a encontrar en sus experiencias personales la principal fuente de inspiración
La ironía vuelve a estar muy presente en la nueva publicación del asesor financiero y escritor sevillano afincado en León, Miguel Ángel Cercas, que en ‘Me gusta llevar los cordones desatados’ (Círculo Rojo) «nos aproxima a las vivencias de un hombre en busca del sentido de su vida y que parece encontrarlo en el amor promiscuo, en una espiritualidad cargada de contrastes, en la práctica de la meditación, el yoga, el ‘mindfulness’ y en las relaciones sociales de su querida Casa Galicia y la Asociación ADAS».

– ¿Cómo surgió la idea de publicar este libro?
– Cada quince días nos reunimos unos amigos del grupo literario Conectivodivergente –nos llamamos así porque solo nos une lo diverso– para leernos textos que hemos creado. Al cabo de varios meses caí en la cuenta de que, últimamente, leía relatos con un mismo protagonista que «casualmente» siempre andaba en búsqueda del sentido de su vida. En ese momento, decidí acompañar en su camino a Joaquín O por ver adónde le conducía tanta insatisfacción.  

– ¿Son relatos escritos en una misma época o reúnes aquí los escritos durante varios años?
– Algunos de estos once relatos los escribí hace tres años y recogen algunos hitos fundamentales de la vida de Joaquín O desde los treinta hasta los cuarenta años, en su intento de llenar su vida con el amor promiscuo, con una espiritualidad cargada de contrastes, la práctica de la meditación y el ‘mindfulness’ y las relaciones sociales. El diseño de la portada, de Joaquín Olmo, descubre algunos rasgos de su carácter: es PAS (persona altamente sensible), minimalista… y aparece, no por casualidad, practicando un asana de yoga, «virabhadrasana ll», la postura del guerrero, delante del Musac.    

– ¿En qué se diferencian y en qué asemejan a sus anteriores libros de relatos?
– Las diferencias esenciales son dos: por un lado, aunque cada relato tiene significado propio, como en los anteriores, en este hay un mismo personaje principal, Joaquín O; y, también, algunos secundarios que aparecen y desaparecen: La bella Natalia, PAS Caroline, Bea Cronopio luminoso, Susi Kundalini…; la otra diferencia es que el relato gana en tamaño; la trama, por tanto, se enriquece. Se asemeja a los anteriores en que se nutren de la realidad, de la mía o de personas próximas. Algún personaje, como el gran maestro Sako, ya había aparecido incluso antes.    

– Siempre ha cultivado el relato, y también el microrrelato y los aforismos. ¿Qué tendría que pasar para que se adentrara en una novela?
– Pues no lo sé. Hoy por hoy me siento cómodo con lo breve. Quizás por mis circunstancias personales y profesionales –trabajo en un banco de inversión– que me permiten dedicar a la escritura una hora al día, al comenzar la mañana. Por otra parte, en estos últimos años me he acostumbrado a leer mucho pero breve; ya pasó el tiempo de noches en vela con ‘Crimen y castigo’ o ‘La dama de blanco’.

– ¿En qué momento sabe que nace un relato, que hay una idea que se puede desarrollar en forma de cuento?
– Este libro carece de una planificación previa donde me propusiera hablar de tal o cual cosa. Simplemente, después de escribir varios relatos «aparentemente» sin conexión, me propuse acompañar a Joaquín O en sus andanzas: el momento en que descubre al amor de su vida, la bella Natalia; cuando está a punto de morir en el pico Gilbo –algo de autobiográfico hay– y se convierte, entonces, en el fundador de la octava rama escindida de la cuarta de la secta mormona del V milenio; cuando asiste a un taller de sueños lúcidos con el gran profesor Ricardo Gatoalfa o se indigna ante la violencia de un energúmeno machista; cuando asiste, porque para un escritor bohemio como es Joaquín O «todo es fuente de inspiración», a una asamblea de feministas radicales; el momento en que está a punto de dejar la meditación después de su encuentro con la Maestra Rosario experta en «Zen Sangang» o cuando, y esto lo descubrimos en el último relato ‘Menudo reencuentro’ con su profesor de Latín de su época de estudiante, descubre aspectos significativos de su biografía.  

– ¿Qué presencia tiene León en tu literatura?
– Total. Como las historias están basadas en hechos reales, cualquier persona que conozca León reconoce lugares y ambientes: La Candamia, el pico Gilbo, Casa Galicia, la Asociación ADAS, la cerveza Cazurra, el ambulatorio La Condesa, la sala de los Reyes del antiguo Ayuntamiento… Además, alguno de estos relatos los he leído en Cuento Cuentos Contigo, un lugar de encuentro de escritores en León.  
 
– ¿Cuáles son sus referentes a la hora de escribir?
– Mis escritos son el resultado de lo que me ocurre o le sucede a gente cercana y que me causa una fuerte emoción, una sorpresa, un enfoque desconocido, algo que no entiendo o que me hizo mucha gracia o me cabreó profundamente. Estos son los detonantes principales sobre los que construyo el relato. Y lo intento hacer con estilo sobrio, parco, donde cada frase tenga su relevancia, que no sobre una palabra. Y de manera irónica, claro. Mi referente es pues la realidad y no tengo intención de parecerme a nadie. Intento crear mi propio estilo: coloquial, que entretenga, que trate de cuestiones vitales, siempre proponiendo más que aleccionando. Mis relatos pretenden entretener, sacar sonrisas y que, de alguna manera, nos haga mejores. No obstante, si te gustan los aforismos te recomendaría ‘Ironías’, de Ramón Eder; o lee los microrrelatos ‘Cazadores de letras’ de Ana María Shua y los relatos de ‘¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?’, de Raymond Carver.    

– ¿Cree que la pandemia y, sobre todo, el confinamiento, provocará que haya en los próximos meses un boom literario al encontrar todo el mundo más tiempo para la escritura?
– No lo tengo muy claro. La escritura, al menos tal y como yo la vivo, requiere experiencias, vivencias nuevas, diferentes visiones… y el confinamiento no las propicia. Por otra parte, como escritor, necesito la cercanía real de gente a la que le guste también escribir, y con las que puedas intercambiar opiniones, y que te lean… Como sabes, el tiempo es relativo. Uno lo saca para lo que realmente le interesa. La dedicación de escritor exige continuidad, diría que diaria. Y para este propósito, el confinamiento ayuda. Pero también vivir, y curiosidad, mucha curiosidad. Y cierto impudor para desnudarte en público…
   
– ¿Obligará la pandemia a replantearnos el concepto de ficción?
– Te diría, como Joaquín O, que «yo ya llevo muchos años en la ficción». Hay un aforismo por ahí que dice: «El 65% de tu vida es ficción. El 65% de tu cuerpo es agua. Eres agua, pero agua ficcionada». En estos últimos años de post verdad, donde cuesta tanto distinguir ficción de realidad, la pandemia ha acelerado esta confusión. He visto en estos meses situaciones dramáticas, guiones de ciencia ficción, auténticas distopías. Y la ficción creativa, la literaria, nos ayuda a gestionar estas realidades, con la lectura o la escritura. No solo como un narcótico con el consumo masivo de ficción; también, para saber interpretarlas. Como dice Coixet, abraza la niebla. O, con Woody Allen, te digo que me encanta la ficción pero que las alitas de pollo están en la realidad.    

– ¿Cuáles son los siguientes proyectos que tiene en cartera?
– A parte de los artículos de opinión que publico los martes en este periódico, y que después cuelgo en mi web (miguelangelcercas.com) llevo bastantes meses con mi segundo libro de aforismos. Después de ‘A orillas del Bernesga’, viene ‘A orillas del Esla’.
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