Y cómo no ver en este culebrón-funeral la apoteósica conclusión de temporada de un serial de plataforma televisiva acicalado con todo el esplendor y péplum de que es capaz la monarquía cuando se arremanga. Cómo no saborear ya los capítulos de la próxima entrega con un nuevo protagonista, el añoso y cascarrabias exesposo de aquella, la única que osó eclipsar el fulgor de la Casa. ¿La única? El papel cuché lo aguanta todo (hasta las salas de espera), pero si uno usa el de periódico la historia no es tan fastuosa, por supuesto, aunque no sea este lugar y momento para aguafiestas. Ávidos de símbolos y enraizamientos, sean de cartón piedra o cubiertos con la Union Jack, ciudadanos de todo el orbe despiden estos días a lo que califican como un icono. Pero los iconos no se sepultan, se ajan. Y este es el momento del barniz y los marcos dorados.
Pese a todo, se ven costuras. Los gestos malhumorados del nuevo rey cuando la estilográfica mancha sus regios dedos o su cara de altivo disgusto al mínimo contratiempo nos dejan ver al ser humano que sustituye a la exitosa esfinge. Más allá del armiño y los protocolos, reyes y demás titulados de sangre acaban por convertirse en la familia Leguineche de ‘Patrimonio nacional’, una de aquellas profecías de García Berlanga. Salvo que no abran la boca. Isabel de York jugaba con la ventaja de ser la reliquia de una época dominada por la imagen fija o el irreal blanco y negro, una época extraña a los acosos íntimos de las cámaras y las redes, una estampa; el tótem de otro tiempo. Por ese motivo las costuras empiezan a tensarse con la llegada de su lenguaraz y explícito sucesor y hasta algunos países súbditos pretenden convertirse en repúblicas una vez desaparecida la reina. Reclamaciones, problemas, contrariedades… qué fastidio.
Solo una impavidez mantenida a prueba de bombas durante siete décadas convierte a un individuo en la máscara que venera una fe no traicionada por las humanas debilidades; una fe donde cada cual pone los rasgos que prefiere y les rinde pleitesía haciendo kilómetros de cola.
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