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Manifestaciones y fútbol

Manifestaciones y fútbol

OPINIóN IR

11/06/2020 A A
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Manifestaciones y fútbol
Hoy por la noche se volverá a escuchar un silbato muy especial en la ciudad de la Torre del Oro. Tras varios meses de silencio sepulcral, ese sonido estridente volverá a ser escuchado por cientos de miles de personas. Eso sí, a diferencia de lo que ocurría antes de la Covid-19, dicho sonido llegará a nuestros oídos exclusivamente a través de la televisión o de la radio. Otrora había unas decenas de miles de privilegiados que escuchaban ese silbato en directo, pero ahora la lista de elegidos no irá más allá de los propios protagonistas de pantalón corto y de los cámaras, técnicos y periodistas que serán los responsables de meternos el fútbol en casa.

No sé a ustedes, pero a mí la vuelta del fútbol profesional me retrotrae a la época romana en la que el poeta Juvenal dejó por escrito que el pueblo había perdido el interés por la política y que sólo deseaban con avidez dos cosas: pan y circo. A partir de ahora ese ‘pan y circo’ bien podría traducirse por ejemplo en ‘manifestaciones y fútbol’. Con estas dos aficiones ahora cualquier ciudadano ya tiene todo lo que necesita para ser supuestamente feliz, sin percatarse de que con estos dos ‘inventos’ los que de verdad van a disfrutar son nuestros políticos.

Reconozco sin rubor que soy un futbolero de pro, de esos que no se pierden cada fin de semana el partido de su equipo. Por lo tanto, no soy sospechoso de tener inquina hacia el deporte de once contra once, pero tengo que ser sincero y decirles que a pesar de estar infectado desde la infancia por el virus del fútbol, me parece un poco forzada la vuelta de la Liga. No sé si lo recordarán, pero a finales de abril se filtró un documento del Consejo Superior de Deportes en el que se decía que se recomendaba retomar la Liga porque ‘nos devuelve a la normalidad’ y ‘también contribuye a fortalecer el espíritu colectivo’. Lo de la normalidad se lo compro, es una obviedad si tenemos en cuenta que antes de la llegada del virus lo habitual era que se disputaran partidos cada fin de semana. Fíjense si era normal que hasta el fin de semana del 7 y 8 de marzo se disputó una jornada como si aquí no pasara nada. Pero la cantinela del fortalecimiento del espíritu colectivo no acabo de digerirlo. Deberían haber especificado que se fortalecerían decenas de pequeños espíritus colectivos, que se diferencian unos de otros en el color de la camiseta. Pero lo que es un espíritu colectivo global no lo veo. Fíjense que hasta los partidos de la selección española, que tendrían más posibilidades de aunar bajo un mismo equipo dicho espíritu colectivo, no sirven para tal misión. Los pitos escuchados por parte de varias aficiones al himno de España al inicio de las finales de la Copa del Rey así lo demuestran.

No nos engañemos, que el balón vuelva a rodar por la moqueta verde de los estadios de todo el país se debe a una cuestión puramente económica. Lo que no entiendo es por qué no se dice alto y claro y se quiere vestir con un halo de justificaciones vacías. Sin olvidarnos, el efecto colateral de adormecimiento de la sociedad y del desvío de la atención de las cosas realmente importantes, en un momento en el que deberíamos centrarnos individual y colectivamente a reflexionar sobre lo que ha ocurrido y sobre el presente y el futuro que queremos vivir. No hace falta especificar los beneficiados de dicho desvío de atención.

Desde hoy los millones de futboleros de este país ya no tenemos excusa para no ser felices. El problema lo vamos a tener cuando nos coincida un partido de nuestro equipo con una manifestación. Eso sí, en este caso previamente tendremos que pedir permiso a los árbitros de la ‘nueva política’ para que nos digan qué manifestación es decente y cual no, ya que de ello dependerá recibir o no la bula papal para poder incumplir las medidas legales impuestas por las autoridades en cuando a la distancia de seguridad entre personas. Ya saben, siempre y ahora más que nunca, hay castas y castas.

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