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Lucha femenina, los nombres de la conquista

Lucha femenina, los nombres de la conquista

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Tamarina, luchando con Ibán Sánchez. Ampliar imagen Tamarina, luchando con Ibán Sánchez.
Fulgencio Fernández | 18/05/2020 A A
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Lucha femenina, los nombres de la conquista
Lucha leonesa La incorporación de la mujer al mundo de la lucha leonesa ha sido lenta y tardía y aún hoy sigue teniendo graves problemas
No ha sido, no sigue siendo, nada fácil el camino de la mujer en la lucha leonesa. Su incorporación ha sido lenta y tardía y aún hoy la lucha femenina sigue siendo la mayor asignatura pendiente de este deporte, ya existe una competición pero absolutamente en precario, hasta el punto de que en muchos corros se produce el hecho de que tan solo concurran en una de las tres categorías dos luchadoras, lo que las lleva directamente a la final. Y hasta se ha dado el caso de ser una sola, que es campeona sin luchar, algo que ella nunca desea y no es nada bueno para su lucha.

En este largo camino, aún sin llegar a la meta, hay un buen número de nombres que es de justicia que no caigan en el olvido.

Cuquis la de Rucayo y Cris de la Fuente son dos de los escasos testimonios existentes de luchadoras El papel de la mujer en los inicios de la lucha moderna, desde principios del siglo XX, era meramente testimonial, espectadora o familiar de algún luchador. Un texto de 1931 del Diario de León, firmado por ‘Un veraneante’ decía: «A un lado, con sus cortejos, muchas mozas guapetonas, sofocadas en el baile de dulzaina y tamboril»; otro de 1939, titulado Aluches, dice: «Por la pradera paseaban las mozas, cogidas de la mano con gran tedio». O en la novela costumbrista ‘Susarón’, de José María Goy, hay una historia de lucha leonesa, «una trama amorosa con dos mujeres en torno a un luchador y en la que el vencedor se lleva también el amor de la moza». En fin.

Sí están documentados algunos casos en los que alguna mujer salta al corro a defender el honor de la familia, cuando tiraban a un pariente. Así lo hizo una hermana de Felipe León y lo quiso hacer una hermana de Luis Rodríguez Verduras, El Ingeniero, en 1935 en Valdecastillo, según contaba Olegario Rodríguez Cascos: «En defensa de Luis quiso salir su hermana, quien no solo lloraba la derrota de su hermano sino también porque no se le permitía participar, pues ella conocía el secreto de la lucha y tenía agallas».

Magdalena Getino fue la primera niña en participar en una competición oficial, la Liga por Equipos de 1.989 No se pudo consumar la presencia de esta mujer «sin nombre», simplemente ‘la hermana de’, pero sí llegaron detrás dos de las pioneras que sí se agarraron: Cuquis de Rucayo y Cris de la Fuente.
De Cuquis decía Pepín Huertas, paisano de la pionera: «A Cuquis no hacía falta animarla para que saltara a luchar, se ofrecía ella misma. Y no fueron pocos los que pusieron la espalda en el suelo mirando al cielo».

Cris, una mujer adelantada a su tiempo, era pariente de los famosos Molineros de Carbajosa pero no llegó a luchar con ellos. Ella misma le contaba a Barreñada que «cuando estaba cuidando el ganado me gustaba agarrarme con los otros pastores, y al que le echaba la cadrilada no te creas que era fácil que se me escapara», explicaba esta mujer que recorrió casi toda España en Lambretta.
 
Tamarina llegó a competir en la Liga masculina y después inscribió a su madre para «ser más chicas»Y el siguiente salto ya sería a lo que se ha dado en llamar «las niñas luchadoras», aquellas que comenzaron a aparecer en las competiciones de base en las últimas décadas del siglo XX. Y en ese apartado hay que subrayar un nombre: Magdalena Getino Bayón, hermana de los también luchadores Fernando y Antonio. Fue el 2 de abril de 1989, en el Palacio de los Deportes de León en un corro de la Liga de Invierno. Lo recuerda bien Magdalena:«Un niño de infantiles se lesionó de gravedad, y mi hermano Fernando, que nos entrenaba, me dijo que saliera en su lugar. Y yo a obedecer».

Recuerda Magdalena que su hermano le iba diciendo cómo agarrarse, qué hacer, ajena por supuesto a que estaba haciendo historia.

Miriam Marcos tiene un palmarés impresionante en leonesa y celtas, que le ha valido una calle en su pueblo En aquellas ligas por equipos fueron compitiendo en la base más niñas, muchas de ellas, como en el caso de Magdalena, hermanas de luchadoras: Beatriz y Diana Presa, de Sopeña, hermanas de Aurelio; Patricia Ontoria, de Gradefes, hermana de Luis; o Ana Modino, de Moral del Condado, de una familia de mucha afición. O Leyre Iglesias Armiño, de Valporquero de Rueda, hermana de Unai, con excelentes resultados frente a los chicos, lo que la llevó a ser internacional en judo y quedó cuarta en los Juegos Olímpicos de 2008 en Pekín.

Pero al finalizar la base quedaban en el vacío, no había Liga femenina. Y ahí surge la figura de Tamara Gómez Villafañe, Tamarina, con tanta afición que llegó a competir en la Liga Masculina, en 2004. Con muy mala suerte en los emparejamientos pues en los pocos corros que compitió tuvo que medirse con Ibán ‘El Guerrerín’ e Iván ‘El Menudín’, dos grandes campeones, lo que, unido a su poco peso, la desanimó y no volvió a la competición hasta el año 2007, cuando se celebró la primera competición femenina, una Liga que por supuesto ganó, en ligeros. La acompañaron como primeras campeonas Miriam Marcos, de Montejos, en medios, y Laura Gutiérrez, de Cubillas de Arbas en pesados. Tal era la afición de Tamarina que llegó a convencer a su madre, María José Villafañe, para que luchara «y ser más».

Miriam iniciaba así la carrera con más brillante palmarés y gestas (también ganadora de tres pesos, incluso en la misma tarde) tanto en lucha leonesa como en Celtas. Después vendrían Mónica Matía, Marta Llamazares, Celia y María, las gemelas de Montrondo, Patricia Astorga, Victoria, Lola Hurtado, Vanesa Presa, Moralina, Anina, Riosol, María Rubiera, Isa Justel, Bea Riaño, Edi, Paula, Ariadna, Lucía, Elena, Miriam, Cecilia...

En otro apartado, el del arbitraje, hizo historia Amor Franco, la primera mujer árbitro, que de una parte no tuvo mucha suerte en algunas decisiones y de otra no hubo un caldo de cultivo propicio en aquellos años 90.
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