A veces dan ganas de tumbarse. Con un año sería suficiente. ¿Para qué? No se sabe. Para probar a ver qué pasa. Pero resulta que pienso que los mejores tiempos para tumbarse son aquellos en los que las cosas van bien. Si te tumbas cuando las cosas van mal, empiezan a ir peor y a lo mejor es cuando nadie se acerca a tu cama para traerte un trozo de pan, porque todo el mundo lo está buscando por ahí.
Creo que Victoria Abril se sacó tumbada la especialidad de virología y tal vez por eso no nos habíamos enterado. Enseguida entendí por qué la actriz se había puesto una toga de catedrática para los premios Feroz. Tuve miedo de que siguiera hablando hasta que alguien le colocara un birrete en la cabeza.
A su vez el emérito Juan Carlos I recién acaba de tumbarse, o así parece, porque ahora resulta que ha hecho más kilómetros en jets privados que Phileas Fogg enganchado a una Ruta del Bakalao mundial. Alguien tendrá que decirle que se tumbe con más cuidado, que se le están cayendo los euros.
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