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Los ríos naturales leoneses, bajo mínimos

Los ríos naturales leoneses, bajo mínimos

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Un joven aficionado pesca en el río Curueño. | R.P.N. Ampliar imagen Un joven aficionado pesca en el río Curueño. | R.P.N.
Rodrigo Prado Núñez | 10/07/2020 A A
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Los ríos naturales leoneses, bajo mínimos
Pesca Torío, Curueño, Duerna, Eria y Tuerto tienen caudales a la baja por la escasez de lluvias, las altas temperaturas y el uso de aguas para el regadío
La escasez de lluvias, las altas temperaturas y el uso de las aguas para el regadío, dejan a los ríos naturales de nuestra provincia con caudales a la baja. Torío, Curueño, Duerna, Ería y Tuerto, por nombrar algunos de los más conocidos, en sus zonas medias y bajas, se encuentran escasos de agua y bajando. Por lo contrario, los regulados por embalses como el Esla, Órbigo, Cea o Porma, muestran sus caudales rebosantes.

Cuando los ríos bajan cortos de agua la pesca puede ser dificultosa, pero en superficie se puede seguir pescando con muchas posibilidades de éxito. Julio es el mes más esperado por los pescadores de mosca, el tiempo es caluroso, los días largos, las eclosiones abundantes y las truchas se activan con prodigalidad para satisfacción de los pescadores de mosca, bien sea a la leonesa o a mosca seca.

Las moscas usadas en la pesca a la leonesa son las tradicionales leonesas confeccionadas con las plumas de los gallos de León, pardo e indio, del valle del río Curueño. La temporada marcha irregular, ahora es el momento de dejar atrás esos colores más oscuros y poner en nuestra cuerda colores cálidos y llamativos, pero con la seguridad que la pesca a la leonesa es muy efectiva en esta época en todos los ríos trucheros de nuestra provincia.

Para la pesca en superficie a mosca seca es, seguramente, también el mejor momento de la temporada. A diferencia de la pesca a la leonesa, que se ponen hasta cinco moscas en la cuerda, en esta solo se usa una, que gracias a su composición deriva flotando por la superficie del agua. Las moscas secas para la pesca pueden ser imitaciones de los insectos acuáticos emergentes y adultos, que cuando eclosionan son fácilmente reconocibles, como los tricópteros y las ignitas, o patrones de atracción que no imitan a ningún insecto en concreto. Pero sea de una forma u otra lo que si es cierto y es de reconocer que la pesca a mosca en cualquiera modalidad tiene todos los alicientes para ser deportiva y seductora.

Cuando llega el verano, con las altas temperaturas y el sol radiante, la pesca de la trucha se limita a las horas de más penumbra del día, el amanecer y el atardecer. Es en esos períodos serenos de mañana y tarde que el río toma vida, los insectos ocupan ese fresco espacio y las truchas se activan en busca de su alimento preferido.

El sereno de mañana, cuando la naturaleza se empieza a desperezar, es uno de los momentos más placidos para el deporte de la pesca, el silencio invade un río encantado que nos ofrece su generosidad, y las truchas, mientras el sol se inventa el amanecer, comienzan a desarrollar su actividad y es entonces que las posibilidades de pescarlas aumentan considerablemente. Luego, poco a poco, según el sol vuelve a rebrillar las truchas se ocultarán, en sus refugios naturales, de la luz y los depredadores.

El sereno del atardecer es, con toda seguridad, el momento más pretendido por los pescadores. Ese período, en que el sol nos dice adiós regalándonos un cielo rojizo, coincide casi siempre con la mayor actividad de los peces provocada por esas eclosiones tardías de los insectos acuáticos que invaden el río. Unas saltonas a la leonesa o un tricóptero montado con pelo de ciervo en mosca seca pueden hacer de ese momento de pesca una fiesta. En esos minutos de gozo, cuando las sombras se apoderan del río, hay que evitar los enredos a toda costa, porque la falta de luz nos complicaría muy mucho el rehacer un aparejo con ciertas garantías. Tenemos que tener en cuente que el artículo 58 de la Ley 9/2013 limita la practica de la pesca al periodo comprendido desde una hora antes de la salida del sol hasta una hora después de su puesta.

Boeza y Burbia, dos ríos del Bierzo muy frecuentados


El río Boeza nace en la sierra de Vizbueno, en la Campa de Fasgar, en la vertiente de Omaña, a 1.640 metros de altitud, tiene una longitud de 60 kikómetros presenta mala calidad en sus aguas debido a los aportes que recibe en las cuencas mineras del Bierzo alto, baña los municipios de Murias de Paredes, Igüeña, Folgoso de la Ribera, Torre del Bierzo, Bembibre, Congosto y Ponferrada, desembocando en el Sil después de excavar y forma el paraje de Montearenas. Nada más nacer se precipita violento en el cañón llamado Serie de lo Cabos, las Fragas del Boeza es un lugar muy conocido en el mundo de la escalada pues presenta tres rutas de cordada. Las encinas y los robles acompañan su discurrir componiendo una diversidad faunística importante. También abundan arándanos, tejos, acebos, serbal, abedules y avellanares.

Por su parte el río Burbia nace en El Mostellar en la Sierra de los Ancares a 1.300 metros de altitud, tiene una longitud de 42 kilómetros, pasa por los municipios de Villafranca del Bierzo, Corullón y Villadecanes y desemboca en el Cua en Toral de los Vados. Es de aguas silíceas y de fondo rocoso con pedrizas y gravas en sus tramos superiores y gravillas en los inferiores, discurre por un valle estrecho que empieza a abrirse a partir de Villafranca del Bierzo. Tiene dos cotos con buenas tabladas y abundantes truchas, Burbia y Villafranca.
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