No resulta fácil precisamente esta semana hablar con los cercanos al fallecido dibujante de La Nueva Crónica, es duro pero, como explica Moñi, "lo mejor que te puede ocurrir en la vida es tener el privilegio de poder trabajar con Lolo... y yo lo he tenido".
– ¿Desde cuándo de mural en mural con Lolo?
– Creo que desde 2015 o así. Fue a dar un taller a mi pueblo (Carbajal) y yo acudí, pronto vimos que había conexión artística entre nosotros y hubo un momento en que él estaba bastante cansado y me propuso que ‘o me ayudas o yo lo dejo, estoy cansado’". Y así nació "la sociedad" Lolo y Moñi, activa hasta el último día pues los últimos meses los han pasado de mural en mural.
Recuerda Moñi que acudir con Lolo a realizar los talleres y los murales "era una fiesta y lo más entretenido del mundo. En cada pueblo que pasábamos le había ocurrido alguna anécdota, se acordaba de algún personajes y quería parar a verlo... no había ni un momento para el aburrimiento, es increíble la cantidad de gente tan diversa que podía conocer y recordar y, sobre todo, el cariño con el que lo hacía".
– ¿Sus preferidos?
– Sin duda; los niños y los mayores. Con los peques tenía una mano espectacular, se los ganaba nada más llegar... y con los mayores podía estar horas y horas escuchando sus historias, sus vivencias y recuerdos.
Un legado impagable.
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