Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

Los personajes del tío Ful: Amelia, del molino de Villacelama

Los personajes del tío Ful: Amelia, del molino de Villacelama

CULTURAS IR

Imagen de vídeo
Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza | 23/03/2019 A A
Imprimir
Los personajes del tío Ful: Amelia, del molino de Villacelama
Personajes Molinera que no muele pues fue la dueña y tenía en Villacelama empleados pero sí es la memoria de un oficio, de unos tiempos, de una forma de vida
Amelia González Llorente, que ya mira a la cara de los 90 años, pasea por ese magnífico marco que es el molino de Villacelama con el orgullo de verlo en pie. El mérito parece de su hija Paloma, que restaura que con sus propias manos, pero la causa ‘remota’ de que este histórico lugar «esté para funcionar» es de esta mujer que no quería ver su molino convertido en ruinas, como tantos otros de aquella ribera, y cuya primera referencia documental lleva el experto Javier Revilla hasta el siglo XII y con vida de molino maquilero evidente desde el XV, además de fábrica de luz, cuyos restos también se conservan en el lugar.

- Podría moler, no hay más que meterle el agua; insiste Amelia, claro que ahí ya entra en juego Confederación y eso ya es harina de otro costal.

Se sienta Amelia en el magnífico portalón del molino, en la explanada presidida por una gran escultura de Amancio, y parece ver pasar el tiempo ante sus ojos y sus recuerdos. «En los tiempos del estraperlo, aquellos años tan duros, el harina era un bien tan preciado como el oro; venía gente de todas partes, desde Asturias, y muchos la llevaban camuflada debajo de sus ropas».

- ¿Y la guardia civil?
- Ya. La guardia civil, cierto que estaba muy perseguido, pero la gente tenía que vivir.

Y cuando mira Amelia al horizonte de su pueblo, de los pueblos vecinos, de los tiempos en los que tres molineros atendían el de la familia recuerda que también vivía allí otra familia, la del electricista «pues también fue fábrica de la luz, con un generador muy grande que llegó a dar luz a trece pueblos».

«Entonces todo el mundo tenía sus vacas, ahora sólo quedan unos pocos ganaderos pero tienen cientos de ellas, que con los tractores y todo eso se pueden atender» y añade, «no como antes, que todo era tan difícil», dice mientras repasa en las estancias del viejo molino los últimos trillos, yugos y tantos aperos... «y las piezas del molino, que podría funcionar, si tuviera agua».
Volver arriba
Newsletter