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Los barberos de las merinas

CULTURASIR

En el hatajo que Violeta y Goyo tienen en San Pelayo los esquiladores se afanan en preparar las ovejas para el calor. | REPORTAJE GRÁFICO: MAURICIO PEÑA Ampliar imagen En el hatajo que Violeta y Goyo tienen en San Pelayo los esquiladores se afanan en preparar las ovejas para el calor. | REPORTAJE GRÁFICO: MAURICIO PEÑA
T. Giganto | 15/04/2018 A A
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Los barberos de las merinas
LNC Domingo Seis esquiladores trabajan a destajo en la majada de Violeta y Goyo en San Pelayo preparando el ganado para subir al Lago de Omaña antes de pasar el verano en el puerto de Abelgas de Luna
De Uruguay a León para esquilar ovejas. Más de 200 al día. Y así hasta que acabe la temporada allá por junio. Sobre una plataforma de madera, con unos mocasines de piel de oveja para no patinar, con el lomo doblado prácticamente en 90 grados y con una oveja entre las piernas completamente inmovilizada con pasmosa destreza para afeitarle el vellón de una sola pasada. Y a por la siguiente. Y así hasta 500 merinas negras que un grupo de 6 esquiladores tienen que dejar a punto en un mañana en el hatajo que Goyo y Violeta tienen en San Pelayo. «Toca arreglar a los animales para que cuando subamos a Lago de Omaña tengan ya algo de lana», cuenta Goyo, ganadero trashumante de corto recorrido que trabaja en su pasión a pesar de la dureza de la misma. El invierno en el Órbigo, la primavera en Omaña y el verano en Abelgas de Luna. Y antes de comenzar el viaje, los animales a la barbería.

De Uruguay a León llegan más de 40 esquiladores para trabajar la campaña Desde bien temprano las esquiladoras ya rugen dentro de la nave donde están las merinas de lana negra. Una tras otra se van sucediendo mientras los esquiladores las preparan para el calor que está por venir. «De las blancas pueden llegar a esquilar más de 200 pero las merinas negras tienen lana en prácticamente todo el cuerpo y con más densidad por eso les lleva más tiempo, así que cada uno puede llegar más o menos a las 160», explica Violeta antes de agacharse a recoger un vellón bien hermoso para depositarlo en una gran saca que después venderán. «La lana de la oveja blanca está mejor pagada que la de la negra y es que esta no se puede teñir», dice Violeta que cuenta además que su materia prima se vende fuera de España.

Santi es uno de los dos esquiladores de la cuadrilla que sí es de León. Trabajan para esquiladores Montaña de León, una de las pocas empresas que siguen con este oficio en la provincia. Cada año llegan hasta ella entre 40 y 50 uruguayos para la campaña del esquileo y así forman cuadrillas con las que van recorriendo las majadas de León pero también de otras provincias limítrofes. «¿En una campaña? Se esquilarán más o menos medio millón de ovejas», se escucha decir a Santi entre balidos y esquiladoras y sin dejar ni un momento el tajo para dejar impecable al animal.



La postura del esquilador y el esfuerzo físico que debe realizar durante las horas de trabajo no son para nada cómodos. Por eso la destreza es fundamental para que la espalda no sufra. La tarea tiene sus pasos y sus posiciones, todo está calculado para dejar al animal noqueado de tal modo que la tarea requiere de una sincronización que bien parece una danza. El esquilador hace fuerza con las rodillas para retener al animal y las dos manos quedan libres para la tarea. A través del método ‘Tally-Hi’, originario de Australia (el país con la mayor producción de lana del mundo), la oveja no se menea y da tregua a la postura del esquilador, quien con pases largos de maquinilla y en un orden lógico va dejando ver la piel que las ovejas de Violeta y Goyo llevan un año guardando bajo la lana.

En León se producen actualmente algo más de 700 toneladas de lana de oveja al año Ni la tarea del esquile ni la materia prima que se obtiene de ella son lo que eran. El trabajo ya no es tan rudo y la lana no se valora tanto. Por eso esta que sale de la pequeña localidad leonesa de San Pelayo se va fuera de las fronteras de España. En la provincia de León, según los datos de los que dispone la Consejería de Agricultura y Ganadería de la Junta de Castilla y León, en 2016 se esquilaron 365.998 ovejas cuya producción fue de 796 toneladas de lana. Es así León la segunda de la comunidad en volumen de producción, tan solo superada por Zamora. Pero la tendencia general es a menos. En León en 2003 se obtuvieron 1.166 toneladas de lana, una cifra que es un 32 por ciento inferior a la actual. Durante el pasado ejercicio, desde la Consejería del área avanzan que las cifras son similares a las de los últimos años.

Una lana en extinción

El caso de la lana de oveja merina negra es especial por su gran calidad, aunque pierde en versatilidad por no poder teñirse y eso le abocó a comienzos del siglo XX a convertirse en una raza en peligro de extinción de modo que es una de las 166 razas/variedades autóctonas en peligro de extinción integradas en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España. «Mira, a mi me gusta todo lo raro y por eso la merina negra me encanta y tenemos unas 460 más o menos», dice Goyo que explica como poco a poco va repuntando la cría de esta raza de animal de la que «no quedarán muchas más de 3.000 en toda España pero es que cuando nosotros empezamos hace 20 años no sé si llegarían a 600 cabezas». Y eso que la merina fue para León de suma importancia dado que era la raza estrella del Concejo de la Mesta.

La lana de la oveja merina negra es más barata puesto que no se puede teñir «Pero dónde va a parar, es mucho mejor la merina y sus lechazos, no hay duda. Mucho más sabrosos y además la merina es una raza que se mantiene muy bien», dice Violeta orgullosa de su cabaña, esa que cuidan con esmero gracias a su pasión por los animales, la misma que han transmitido a sus hijas y a todo el que entra en casa, pues el novio de una de ellas se afana con su mismo entusiasmo en recoger los vellones y echar una mano a los esquiladores en lo que precisen. «El oficio de pastor es duro pero... ¡Yo no quiero dedicarme a otra cosa», dice Goyo que se guarece del esfuerzo físico con un turbante en la cabeza y con una faja en los riñones.

– Oye, Goyo, ¿cómo es que en cada remesa de ovejas que se meten para esquilar siempre aparece algún cordero blanco?
– ¿Tú no sabes que una oveja negra puede tener un cordero blanco? Pues eso.

Que en el rebaño de Violeta y de Goyo no hay ninguna oveja negra de esas que siempre se nombran para referirse a lo que se sale fuera de los estándares y eso que predomina el negro en buena parte de su cabaña, que por un cordero blanco no se estropea un rebaño que ya cuenta las horas para poner rumbo a Omaña.
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