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"Lo tuve negro pero llegué a los cien años"

"Lo tuve negro pero llegué a los cien años"

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Fulgencio Fernández | 14/06/2022 A A
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"Lo tuve negro pero llegué a los cien años"
Sociedad Elvira García cumple este martes 100 años en Montrondo, donde vive desde que se casó; otra de esas vidas de mujeres leonesas para admirar que recibe hoy un recuerdo inolvidable, el retrato del dibujante Lolo
Elvira es un libro abierto, una biografía escrita en el rostro y las manos y que ella te completa con los recuerdos que mantiene frescos en su excelente memoria. Y buen carácter. "La verdad es que en la vida lo tuve negro pero he llegado a los cien años, que no es poco. Y estoy bien, todavía juego a las cartas y a mi no me engañan".

En sus manos lleva escritos los renglones de una vida de trabajo —"de eso nunca me faltó"— desde niña. Una de las pequeñas de siete hermanos se quedó huérfana de padre con solo 14 años y "a ayudar en casa, en lo que había, con el ganado en el monte. La vida era así en Sosas".

Y es que Elvira García, que este martes mismo cumple cien años, nació en Sosas del Cumbral hasta que con 28 años se casó en Montrondo y se fue a vivir a esta cercana localidad, con una vida parecida, como ella misma cuenta. "Pues aquí... lo mismo. Tuve cinco hijos, aunque se murieron dos, uno de pocos meses, y me tocó de todo. Ir con el ganado, ordeñar, lo que se hacía en las casas".

- Y cantar, que me han dicho que guarda en su memoria las canciones tradicionales, las coplas, los romances "de entonces".
- Cierto. Aprovechaba cuando estaba con el ganado para cantar y recitar, también para tocar la pandereta, que se me daba bien y toqué en muchos bailes y lo que hiciera falta.
Insiste la centenaria que la vida era así y así hay que tomarla, que ella siempre trabajó y salieron adelante: "Y sin pasar hambre, que en casa siempre hubo algo de ganado, vacas y cabras, y se hacía la matanza... Hambre no hubo".

Y cada vez que se repite la mirada a aquellos años Elvira insiste en recordarnos algo que para ella parece importante. "Y en Montrondo no hubo hambre porque Porras, el panadero, siempre fio y te apuntaba lo que llevabas para cuando lo pudieras pagar». Dice que está bien que lo cuente porque los nietos siguen en la panadería «y está bien que sepan cómo era Porras".

También en su rostro lleva escrita otra parte de su biografía, curtida por los vientos de esta tierra y un pueblo por el que sigue saliendo a dar paseos cada día pero también con las cicatrices y las marcas de un accidente que la desfiguró hasta el punto de necesitar más de 200 puntos. Pero ella resiste, como resistió ese Covid que se instaló en ella, que la obligó a pasar varios días en el hospital pero ya está de regreso en casa y podrá celebrar su siglo de vida que, como repite, "la vida me vino negra, pero ya tengo cien años".

Que ya los tiene. Este martes los cumple, rodeada de los suyos y con algunos momentos que no olvidará, como cuando la médica que la acogió en el hospital como "su abuela" cogerá hoy la acordeón para tocarle una canción; o cuando le entreguen un regalo que siempre tendrá a la vista, el retrato que le ha hecho nuestro compañero el dibujante de La Nueva Crónica, Lolo. "Cómo me gusta dibujar a paisaninas como Elvira, lo llevan todo escrito en la cara y además se que lo agradecen. Espero que le guste".

Elvira nos cuenta que se arregla bien, "a pesar de que un ojo lo tengo perdido y el otro no del todo bien, pero con 100 años no vas a tener todo bien".

Y remata: "Y yo ya tengo 100 años".
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