"Yo vi a la vieja del monte no hace tanto, en Barniedo"

La leyenda de La Vieja del Monte es el hilo conductor de un volumen así titulado, pero que además de relatos, fotografías e ilustraciones va mucho más allá de esta historia y se convierte en un homenaje a las silenciadas mujeres de la montaña leonesa

16/08/2026
 Actualizado a 16/08/2026
Una de las imágenes de mujeres de la Montaña Oriental leonesa a las que el volumen homenajea en ‘La vieja del monte’.  | JOSÉ MANUEL LOZANO
Una de las imágenes de mujeres de la Montaña Oriental leonesa a las que el volumen homenajea en ‘La vieja del monte’. | JOSÉ MANUEL LOZANO

Yo la vi (a la Vieja del Monte) hace no tanto. Me gusta salir al campo con mis perros y oí un ruido, ¡madre, qué ruido entre aquellas ramas!, cuando veo que aparece una señora, viejita, con un pañuelo y una bolsa, como una cesta, que yo creo que la había hecho ella con juncos, y me dio un poco de pan y queso y dice: ‘Voy a darle un poco de chorizo a los perros, que les gusta mucho’. ¡Me hizo tanta ilusión! Pero sí, de niños siempre nos traían algo que les había dado para nosotras. Sobre todo, en la época de la hierba y de leña. Había en Barniedo una tradición de ir todos juntos el mismo día a por la hierba a dos valles que están a catorce o quince kilómetros. Era un día alegre. Mi padre nos levantaba muy pronto para ir al lugar donde esperábamos a los demás y no quedarnos los últimos. Ya había veraneantes de Bilbao y otros sitios que iban con nosotros en el carro y lo pasábamos bien. Pero la hierba se recogía toda, en ribones, toda. Lo de cargar el carro era un trabajo horrible, se trenzaba, se pisaba, se volvía a trenzar; porque aquellos valles estaban lejos y los caminos no eran buenos. A veces se dormía allí y hacías chozos de hierba para que no se humedeciera, pero, si llovía por la noche, había que esparcirla otra vez para que secara. Era una romería, nos íbamos a coger arándanos... Es que casi la gente tenía más hierba en aquellos valles que al lado de los pueblos. Igual se juntaban veinte o treinta carros.

"La Vieja del Monte representa a todas las  montañesas que tuvieron un papel esencial   en la construcción de nuestros pueblos y de nuestra identidad que la historia ha silenciado"

El anterior es uno de los relatos -concretamente el de Juana, de Barniedo de la Reina-que recoge un precioso libro titulado ‘La vieja del monte’, de la editorial ‘Herida y cicatriz’, detrás de la que están los hermanos Javier y María Luisa Muñiz, de ascendencia leonesa -en Lois y Liegos- y que va mucho más allá de la leyenda de La Vieja del Monte, que también la aborda. Hay fotografía, hay ilustración, hay relatos de seis escritores, hay mimo en la edición pero, sobre todo, "hay un homenaje a las mujeres de la Montaña Oriental leonesa, la suya" pues, como explica María Luisa Muñiz, "La Vieja del Monte representa a todas las mujeres montañesas que tuvieron un papel esencial en la construcción de nuestros pueblos y de nuestra identidad. Es un homenaje a todas ellas, cuidadoras y constructoras que, en múltiples ocasiones, la historia ha silenciado".

Y así, al margen de imágenes, ilustraciones o relatos firmados por José Manuel Lozano, Ana Flecha Marco, Gabriel Rodríguez, María Luisa Muñiz o quien esto escribe, más las fotografías de Rubén Earth y las ilus­traciones de Elena Cebrián, el libro tiene la impagable presencia de 17 mujeres de esta Montaña Oriental, de pueblos como Argovejo (Laura Fernández Tejerina y Natividad Tejerina González);Liegos (Rosario Álvarez Ucio, Ana María Alonso Díaz y Esperanza Álvarez Alonso);Lois (Elisa Valdeón Rodríguez);Barniedo (Palmira Pérez Sierra, Juana Tomás Prieto y Araceli Tomás Prieto); Salamón (Hermila López Fernández y Alaida Alonso López);Riaño (Mari Paz González Álvarez y María Visitación Macho Burón);Valdoré (Valeria Díez Fernández y Amalia Cabello Suárez);Las Salas (María Natividad Fernández Tejerina) o Verdiago (Mercedes Rodríguez Giraldez). A ellas, además de relatos como el recogido al inicio, les han hecho los hermanos Muñiz unas  largas y jugosas entrevistas (de media hora o algo más en algunas casos) a las que se puede acceder a través de los códigos QR que aparecen en el libro y que solamente hace falta escanear con el teléfono móvil.

A través de un código QR que aparece en el libro se puede acceder a unas jugosas entrevistas de 17 mujeres de la Montaña Oriental Leonesa
A través de un código QR que aparece en el libro se puede acceder a unas jugosas entrevistas de 17 mujeres de la Montaña Oriental Leonesa

En esas entrevistas, como en los relatos, no solo están las biografías de estas mujeres, también cómo era su vida, la vida comunal, la de sus pueblos, como puede verse en el relato de Juana la de Barniedo en el que, además de La Vieja del Monte, están recogidas las faenas y los días, la vida de su época.

Yella, además, ha visto a La Vieja del Monte, que es lo máximo que se le puede pedir a una leyenda, que la haga tan popular, tradicional, que acabe tomando vida.

  • La primera lavadora que tuve enjabonaba, pero tenía que ir a aclarar la ropa al río y, si había helado, tenías que apartar el hielo. Aprendimos a hacer de todo. ĺbamos con las vacas a dormir al monte, llevábamos una manta gorda para dormir allá debajo de una escoba y, si llovía, la manta se cargaba de agua y luego a tirar de ella. Siempre pensabas que te podías encontrar con ella, pero hasta bien mayor yo nunca vi a la Vieja del Monte. Nos enseñaron a hacer de todo: esquilaban las ovejas y teníamos que lavar primero la lana, luego escandilarla bien, después se hacía una rocada y luego íbamos hilando hilando para hacer calcetines, jerseys... No teníamos ni agua ni luz al principio. Hacías las labores de casa, luego a la cuadra a ordeñar las vacas y ya, cuando había que ir a las tierras, arar, cavar las patatas, las lentejas, los garbanzos, ir a la hierba. Pero antes de arar se abonaba con el burro....

No resultará fácil a las nuevas generaciones imaginar aquella vida que describe Palmira, en la que la aparición de la figura legendaria de La Vieja, que ella no vio hasta muy mayor.

A través de un código QR que aparece en el libro se puede acceder a unas jugosas entrevistas de 17 mujeres de la Montaña Oriental Leonesa (2)
 

Estas 17 mujeres son el ejemplo. Representan a decenas de silenciadas, como explicaba María Luisa Muñiz.

"La primera lavadora que tuve enjabonaba, pero tenía que ir a aclarar la ropa al río y, si había helado, tenías que apartar el hielo. ĺbamos con las vacas a dormir al monte, bajo una escoba"

Y en esos relatos, en esas biografías, esta escrita la historia olvidada de esta Montaña, que reaparece como un nuevo regalo de aquella Vieja del Monte, a la que han reencarnado en sus vecinas. Sorprende cómo ellas guardan vivo el recuerdo. Y,a su vez, le dan vida, como hace Mila, la de Salamón: "Mi padre alguna vez le debió dar algún saco de harina para que hiciera hogazas en su cueva. Yo bajé a Tierra de Campos con mi padre a por trigo, hasta Vallecillo, Villamuñío, Castrotierra. Ocho días de carro. Llevábamos el fargayo y, si ibas a una posada, pedías sopas o leche. Mi padre iba un par de veces al año y, a veces, bajabas con otras familias. Yo bajé con los de Valbuena. Se vendían cerdos a cambio de trigo, llevábamos yugos y puertas y volvíamos cargados de trigo. Encima, nos lo quitaban por la noche por donde había guardias. Siempre tenía que ir uno delante para ver cuándo se podía pasar".

El fargayo. No solo está la vida, están las palabras, algunas de ellas recogidas en un glosario, en ese mismo libro de tantas lecturas diferentes: acullas, para llevar a alguien sobre los hombros;barajones, que son las raquetas de nieve; por cierto, el fargayo es la comida de fiambres...

Dos de las mujeres que ofrecen sus testimonios , del folleto ‘Panes y flores. Mujeres en la Montaña Leonesa’ y una ilustración de Elena Cebrián
Dos de las mujeres que ofrecen sus testimonios , del folleto ‘Panes y flores. Mujeres en la Montaña Leonesa’ y una ilustración de Elena Cebrián. | HERIDA Y CICATRIZ

Son unos pocos ejemplos, hay muchos más, de los regalos que nos trae La Vieja del Monte en este volumen que no podía tener otro título, pues encierra las misma sorpresas que soñábamos al recibir "esto que me dio La Vieja del Monte para tí".

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