El vigilante de Rapún

‘La bola negra’ no es una película sobre Lorca, sino sobre el dolor del amor y su legado

Bruno Marcos
29/09/2026
 Actualizado a 29/09/2026
Un fotograma de la película ‘La bola negra’, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, que ya puede disfrutarse en los cines leoneses.
Un fotograma de la película ‘La bola negra’, dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, que ya puede disfrutarse en los cines leoneses.

Quien haya leído la monumental biografía que Ian Gibson dedicó a Federico García Lorca recordará el último golpe dramático que el autor dejó escrito en un epílogo de página y media. El autor relata ahí una única cosa de entre las que ocurrieron tras el horrible asesinato del poeta. Rafael Rodríguez Rapún, un joven de tan sólo 25 años que había sido su último amor, entró al campo de batalla para entregarse al fuego enemigo justo el día en que se cumplía un año exacto de su muerte, el 18 de agosto de 1937. Una de las fuentes que cita Gibson es María Teresa León, quien en sus memorias dejó dicho: «Estoy segura de que, después de descargar su fusil rabiosamente, se dejó matar. Fue su manera de recuperar a Federico»; otra es Rivas Cherif, que declaró haber oído una historia similar al salir de la prisión en Santander, lugar donde ocurrieron los hechos: «Rapún salió voluntariamente de la trinchera diciendo que quería morir y fue abatido por una ráfaga de ametralladora». 

Este acto desesperado de amor ha sido el punto de arranque de dos obras, primero la pieza teatral ‘La piedra oscura’ de Alberto Conejero y, ahora, la película recientemente estrenada, ‘La bola negra’ de Javier Calvo y Javier Ambrossi. 

Cabe señalar, de entrada, que la presencia en el film de la grandísima figura de Lorca no supone que este largometraje esté dedicado a él, no se trata de una película sobre Lorca sino sobre el amor y el dolor que este entraña, especialmente el amor homosexual.  

Se plantean en la pantalla tres relatos diferentes pero relacionados entre sí: uno muestra los últimos días de Rapún, otro visualiza la obra inacabada ‘La bola negra’ que Lorca iba dedicar por vez primera a un protagonista abiertamente homosexual y, por último, uno situado en la actualidad que representa la investigación sobre el pasado que acabará uniendo los tres. Estéticamente, la producción comienza con una secuencia deslumbrante en la que el protagonista, bajo un bombardeo aéreo, trepa en su huida por el enorme cuerpo flechado de una estatua de San Sebastián abatida en el centro de una iglesia en ruinas. Pero este lenguaje, extremadamente alegórico y visualmente barroco, será alternado con tramos totalmente realistas de estilo documental.

Por momentos, el espectador puede pensar que el triple montaje narrativo en paralelo enlentece la película. La recreación de la pieza inconclusa de Lorca se vuelve demasiado simbólica, tópica y difusa a veces, mientras que la pesquisa actual de sus manuscritos abusa de una construcción fabricada con trivialidades. Así el largometraje no es que parezca excesivamente largo sino que da la impresión de que algo no deja avanzar a una historia que, en sí misma asume las otras dos, la del hombre que vigila a Rapún herido, magistralmente interpretado por un debutante Álvaro Lafuente. Este personaje es, a la vez, el soldado que no sabe por qué lucha, el músico que sueña, el muchacho que ignora cómo es el mundo, el joven que descubre su propio deseo con perplejidad inocente, el testigo del dolor o la muerte y el portador de un legado cuya importancia tardará toda una vida en llegar a entender.

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