La venganza de las imágenes

La inteligencia artificial ha roto el nudo histórico entre imagen y verdad

Bruno Marcos
18/09/2026
 Actualizado a 18/09/2026
Fotografías de personas que no existen realizadas con inteligencia artificial. | THISPERSONDOESNOTEXIST.COM
Fotografías de personas que no existen realizadas con inteligencia artificial. | THISPERSONDOESNOTEXIST.COM

El arte ha perseguido duplicar la realidad desde el tiempo de las cavernas. En uno de los extremos de un propulsor de hueso para lanzar flechas, fabricado hace alrededor de dieciocho mil años, el desconocido autor del paleolítico no sólo talló, con todo el detalle y la viveza que pudo, la cabeza de un caballo sino también su salto, la tensión de sus músculos y su ligereza, el movimiento en el espacio, el avance en el aire, es decir: el instante: el tiempo.  

Contra todo pronóstico, el ser humano no logró plenamente copiar el mundo con la pintura o la escultura sino con un invento tecnológico que reunió la física y la química, el fenómeno de la cámara oscura y la fotosensibilidad de los haluros de plata: la fotografía. Lo que la fotografía ha supuesto para la humanidad está aún por valorar adecuadamente. La pobreza visual de toda la historia hasta que Nièpce consiguiera, en 1826, fijar una imagen es colosal. No tenemos apenas imágenes de nada, sólo el arte las producía y muy pocas que llegaban a muy pocos. Un puñado de obras maravillosas de la historia del arte resumen siglos, unos cuantos cientos de esculturas, de pinturas prodigiosas, representan miles de años.

La digitalización de las imágenes mediante la informática y los teléfonos móviles finalmente ha desbordado la iconosfera transformando su estatus. Con miles de instantes parados en la memoria de nuestros teléfonos móviles y millones circulando en Internet aparecen ahora retratos cada vez más perfectos de algo que nunca existió, hechos por la inteligencia artificial. Podemos ver en Internet una sucesión de rostros de personas que no existen tan veraces que la sensación es muy parecida a contemplar fotografías de muertos.

Aunque no son nuevas las imágenes falsas, es ahora, en el momento en el que los avances tecnológicos han conseguido resultados portentosos, cuando se ha roto el nudo histórico entre imagen y verdad. Zeuxis y Parrasio, sus uvas pintadas que engañaban a los pájaros y su cortina que lo hacía al artista avezado, han dejado de ser una exageración de los antiguos griegos para convertirse en el antecedente del proyecto consumado de la mímesis, la imitación del mundo. Si, como decía Paul Virilio, cada avance trae consigo su accidente, la inteligencia artificial presenta el cadáver de la verdad que había dentro de las imágenes. Ya no va a ser suficiente ver para creer porque todo es posible en las pantallas. Es la fatalidad del sueño realizado. Quisimos, desde la prehistoria, duplicar la realidad y, por ello, hemos de pagar con que esta desaparezca entre infinitas realidades absolutamente verosímiles e indiferenciables. Es posible que la inteligencia artificial esté ejecutando la venganza de las imágenes con su apoteosis, avance que, concluido, trae su propio cataclismo, la desaparición del concepto de realidad.

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