Urraca I y la Real Colegiata de San Isidoro (2ª parte)

Por José María Fernández Chimeno

José María Fernández Chimeno
05/03/2026
 Actualizado a 05/03/2026
Abad en el Scriptorium.
Abad en el Scriptorium.

«He aquí los nombres de algunos constructores que durante el mandato del arzobispo compostelano Diego, de Alfonso, Emperador de España y de Galicia, y del Papa Calixto II, movidos por devoción y amor a Dios y al Apóstol, reconstruyeron el Camino de Santiago desde Rabanal a Portomarín, antes del año del Señor de 1120, durante el reinado de Alfonso, rey de Aragón y de Luis el Gordo, rey de Francia: Andrés, Rotgerio, Alvito, Fortus, Arnaldo, Esteban y Pedro (Deustamben), que reconstruyó el puente sobre el Miño, destruido por la reina Urraca; que sus almas descansen eternamente en paz». 
(Codex Calixtinus).

Pocas épocas históricas han experimentado un resurgir arquitectónico tan brillante como el del arte románico. Desde mediados del siglo XI hasta fines del XII «un blanco manto de iglesias cubrió Europa». En el reino de León serán los monarcas, desde Fernando I y su heredero Alfonso VI (el Emperador), quienes fomenten con decidías actuaciones el Camino de Santiago y, en consecuencia, la creación de un grandioso templo románico en la civitas regia, a cuyos pies se construirá un Panteón Real decorado con bellas pinturas murales (considerada la Capilla Sixtina del Románico). Fernando I reedificó la iglesia de San Pelayo y San Juan Bautista, mandada construir por Alfonso V y consagrada definitivamente , en 1063, bajo la advocación de San Isidoro. Urraca Fernández, hija de Fernando I, añadió a los pies de la iglesia un nártex rectangular, siendo bajo el turbulento reinado de su sobrina Urraca Alfonsez (reina de León) cuando se edifique el transepto y la cabecera triabsidal; sus hijos, el emperador Alfonso VII y la infanta-reina Sancha, Domina del Infantado, deciden cubrirlo con una bóveda pétrea.

Urraca I de León (1009-1126) reinó en los bastos dominios heredados a la muerte de su padre Alfonso VI, sin ceder un ápice a las ambiciones de su hermanastra Teresa de Portugal, que anhelaba independizase de reino leonés o a las pretensiones de su segundo esposo Alfonso I (El Batallador), de quien se liberó con el divorcio de las cadenas que coartaban su libertad. No obstante, a pesar de estas difíciles circunstancias para el Viejo Reino, la vida cotidiana seguía su curso y las obras de la iglesia de San Isidoro no parece que sufrieran grandes retrasos, más bien todo lo contrario. Los diezmos cobrados por la iglesia palatina iban en aumento, lo que permitió obtener fama al scriptorium isidoriano, donde se iluminan manuscritos que rivalizan en calidad con Toledo. Con denuedo, en la Escuela de Traductores de Toledo (creada por Alfonso VI, intitulado Imperator Toletanus tras su conquista en 1085) se traducen textos religiosos, como el Coran, textos filosóficos como el Timeo de Platón, y textos científicos como los Elementos de Euclides o De Architectura del romano Vitrubio, tenidos por referentes.

Urraca I (Museo Histórico de León).
Urraca I (Museo Histórico de León).

Libros, estos últimos, señeros para la «nueva arquitectura» (basada en el conocimiento científico), tras descubrirse como en el rectángulo áureo se podía inscribir la espiral áurea…, y al hallarse ésta en la naturaleza (concha del Nautilus), el magíster operis tomó conciencia de la idea del «Dios Arquitecto» aplicando las mismas leyes de la Geometría y la Matemática en el diseño del Universo (Galaxia en espiral); acaso por ello proyectó aplicar la «geometría euclídiana» en la «obra religiosa», buscando emular la gran Obra del Creador. Para tal fin el magister operis recurrió, ampliando sus habilidades, al valioso avance de los conocimientos científicos, que se propagaban por la ruta jacobea en ambas direcciones.

Con la riada de peregrinos europeos (francos en su mayor parte) que salió en peregrinación hacia el Sepulcro de Santiago, se implantó la hospitalidad monástica bajo las Reglas de San Fructuoso y de San Isidoro. «Consideremos, por ello, que las Reglas de Fructuoso forman la protohistoria o, por lo menos, la prehistoria de la hospitalidad monástica en los caminos de peregrinación y que la de San Isidoro era la que regía la vida del Cabildo de la catedral de Santiago a comienzos del siglo XII, cuando Aymerico Picaud redactaba el Códice Calixtino. Además, los escritos isidorianos fueron huéspedes privilegiados en todos los monasterios del Camino y de la Cristiandad». (La hospitalidad monástica en las Reglas de San Isidro de Sevilla y de San Fructuoso del Bierzo / Antonio Viñayo González). Y añade en su ponencia el que fuera abad de San Isidoro, don Antonio Viñayo: «En el libro X de Las Etimologías nos dice ‘huésped es el que introduce el pie dentro de la puerta. Y huésped (equivalente a hospedero) el que mantiene la puerta patente, de fácil acceso, abierta, de donde se le da el título de hospitalario’».

El término «hospitalidad» entendida como «acogida» por parte de la comunidad de San Isidoro de León, no se circunscribía a la simple acogida. El monasterio isidoriano recibía con solicitud y cariño a los monjes peregrinos; estos eran monjes en tránsito, a los que se les concede el privilegio de acompañar a la comunidad en el refectorio. Cierto que en época de la reina Urraca I aún no se había establecido la comunidad de canónigos regulares, pues esto sucedería en 1148, cuando algunos canónigos de la Catedral de León encabezados por el que sería su primer abad, don Pedro Arias, se trasladaron al Monasterio de Carbajal de la Legua, para luego, por iniciativa de doña Sancha Raimundez (hermana del rey Alfonso VII e hija de doña Urraca), ser ubicados en el cenobio isidoriano.

Miniatura del obispo Teodomiro.
Miniatura del obispo Teodomiro.

Los Canónigos Regulares de San Agustín contaron siempre con el favor de los monarcas leoneses, ejerciendo una importante influencia espiritual en todo el reino. Llegaron a poseer en el siglo XII un extenso dominio patrimonial, viviendo el cenobio isidoriano un momento de esplendor en todos los órdenes, incluido el constructivo: «No serán religiosos de otros monasterios los únicos huéspedes isidorianos. Resultan muy significativos para completar este estudio algunos fragmentos de la Vita Sancti Martini de Lucas de Tuy, sabemos de la llegada al monasterio de otros personajes. En este caso el que recibe a los huéspedes es un canónigo de excepción: Santo Martino. Los huéspedes del Santo, aparte de enfermos que acudían a él para ser curados (monje infirmarius), son eclesiásticos de relieve (obispos) y monarcas como Alfonso IX y doña Berenguela». (La hospitalidad en San Isidoro de León según los manuscritos de su archivo (siglos XII-XIII) / Ana Suárez González).

De todos estos avatares de la historia leonesa tenía que estar al día el magíster operis, así como de la nueva manera de entender el «arte de construir». Para llevar a buen término sus creaciones, el architectus debía de poseer una sólida cultura, conocer los secretos de la geometría, de la física, de la astronomía e incluso de la música. Incluso saber juzgar las distintas artes (pintura, escultura y decoración) necesarias a la ornamentación (venustas), quintaesencia de la belleza del edificio. Pedro Deustamben fue el encargado de rematar con una bóveda pétrea en forma de cañón la iglesia de San Isidoro de León, que en nada tenía que ver con aquello hasta entonces construido en el Camino de Santiago (verdadera autopista de la comunicación en la Edad Media), y con su ingenio consiguió dar al templo isidoriano una grandeza a la altura de las necesidades de los nuevos tiempos. Para lograr tal fin, sería preciso que los últimos mecenas del templo isidoriano decidieran involucrarse con donaciones e impuestos varios, hasta verla acabada; incluso después de fallecer el magister operis, sin que éste pudiera dejar el signum magister grabado en alguno de los arcos fajones: Petrus me fecit.

No obstante, el emperador Alfonso VII y la infanta-reina Sancha Raimundez lograron para él un reconocimiento mayor, un hecho singular, que descansen por siempre sus restos en lugar sagrado. «Aquí yace el siervo de dios Pedro Deustamben que superedificó esta iglesia. él construyó también el puente que se llama de Deustamben. fue un hombre de admirable austeridad y que floreció por sus muchos milagros, todos le colmaron de alabanzas. fue sepultado aquí por orden del emperador Alfonso y de la reina Sancha». (Leyenda de la tapa sepulcral del maestro de obras Pedro Deustamben).

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