Caminar, o tomar un café, con Santos en Astorga es ir abriendo conversaciones amables con este artesano que se ha preocupado de las vidas de sus vecinos, les pregunta por la familia, el trabajo... saben lo que toma y le miran con una mezcla de cariño y admiración por quien lleva una vida entre ellos ejerciendo un oficio cargado de magia.
- ¿De qué le conoces?
- Es el orfebre; te dicen haciendo casi una reverencia pues están ante el último artesano de este oficio en el que, nos dice un tertuliano, «siempre ha sido un tío muy educado... tratar con obispos es lo que tiene».
Visto así... Lo cierto es que un personaje realmente entrañable, cercano, encantado de enseñarte un viejo oficio del que muchos lo único que sabemos es aquella eterna pregunta de los crucigramas: «¿Yunque de platero? Tas», que Santos te aclara que sí existe cuando llegas a un taller lleno de nombres de herramientas muy específicas del oficio:buriles, cinceles, crisoles, chaponeras, estrellas de puntas, sopletes, la pastera... para técnicas ancestrales: toréutica, filigrana, el damasquinado, la fondi fiselé... «todos esos líquidos que hay por ahí son para tener mucho cuidado, son tóxicos, hay que usarlos para lo que sirven».
- Santos, ¿eres el último orfebre?
- No soy el último, soy el único, te hablo de León, que no hay nadie más que se dedique a esto; fuera de aquí habrá, imagino.
- Eres el único en la actualidad pero sí tendrías competencia...
- Hace muchos años que estoy solo en el oficio de orfebre, heredero del platero, no es nada fácil.

Una situación que ha llevado al leonés José Manuel Santos a no poder jubilarse del todo, aunque ya está en edad de hacerlo, pero tiene muchos compromisos, gente que acude a él pues le conocen de siempre... «lo que ya no tengo es el comercio;pero además de los compromisos ha sido toda mi vida y casi diría que si no lo hago no sé muy bien qué haría...».
- Santos, pero eres leonés, ¿cómo acabaste en Astorga?
- Llevo aquí más de 50 años, 55 en concreto, desde 1971. Primero trabajé con otros orfebres, que nadie sabe aprendido, estuve formándome con gente como Robina y Montiel, hasta que me quedé con el taller de
Ernesto Ramos, que había sido el último platero de Astorga y así pasé a serlo yo... Yempezaron a llegarle los encargos.
Decía el paisano que le saludó que «la buena educación le viene de haber tratado mucho con obispos»y, en parte, tiene mucha razón pues en su oficio de platero y orfebre los trabajos para iglesias, cofradías, catedrales... son muy habituales. Y la sucesión de obras para ellos forman parte de una variada colección de fotografías que José Manuel Santos conserva de sus trabajos y muestra con orgullo pues nadie que el leonés es un verdadero maestro del oficio: El copón y el cáliz del hospital de San Juan de Astorga, relicarios, varas cetros de diversas cofradías, como la de las Damas de la Piedad de la Santa Vera Cruz y Confalón, anillos, báculos... y un largo etcétera, impresionantes trabajos, filigranas en miniaturas, la Cruz de Toreno...
- ¿Cuánto tiempo te lleva una obra como esta Cruz de Toreno, por ejemplo?
- Te voy a confesar una cosa;eso del tiempo es algo que nunca mido, nunca, pues me daría cuenta de que estoy perdiendo dinero, que me sale la hora de trabajo por una miseria, sin querer hacer comparaciones con ningún otro trabajo menos especializado.
Y en ese repaso de las piezas hay un momento en el que José Manuel Santos baja la voz, te mira como para contar un secreto y sonríe:«No sé si esto ya se puede decir», musita mirando dos piezas cuya foto tiene sobre la mesa.
- Venga Santos, que sabes mejor que nadie que Dios todo lo perdona, cuéntanos esa historia que, por tu cara, tiene muy buena pinta.

Y el platero orfebre va desgranando una curiosa historia. «Estas piezas pertenecían al monasterio de San Pedro de Montes;cuando la desamortización de Mendizabal se las dieron antes a un señor obispo que no era el de León ni el de Astorga, de cerca;el señor obispo murió y las heredó un sobrino que las vendió... total, que acabaron en el Louvre. Desde Ponferrada las pidieron para una exposición y vinieron con una seguridad que ni te imaginas. Pero bueno, con la habilidad de un clérigo local pudimos tomar imágenes para hacer una reproducción igual, que es la que te enseño, pero no la quise hacer exacta, está a proporción pero son algo más pequeñas para que quede claro que son reproducciones», explica en voz baja, como si desvelara algo prohibido.
Y es que Santos es, además del último orfebre, de un gran artesano, un tipo irrepetible, exquisito en el trato pero que le duele cuando no se valora un oficio cuyo legado ha quedado en sus manos. «Antes te pedían placas para homenajes o reconocimientos oficiales, para que el agasajado tuviera algo único de nuestra tierra, pero ahora dice que lo solucionan con una placa que compran en cualquier joyería... y que imagino que el premiado deja en un rincón de por vida;es lo que hay».
- Santos, me dijeron que te preguntara si te sigues definiendo como un Quijote de la orfebrería o de la platería, como hacías cuando empezaste a ser el único de la provincia.
- Ya es tarde para cambiar;ya te dije que no quiero calcular a cuánto sale mi hora de trabajo... pero volvería ser orfebre si volviera a nacer.