Empezando por el más cercano, Herreros de Rueda, recurro a una descripción en la prensa nacional. «La procesión del Corpus acabó ayer en una matanza en la aldea leonesa de Herreros de Rueda. Poco antes de mediodía, cuando la ceremonia religiosa transcurría por la calle Real, los 26 habitantes de la localidad, a los que se habían sumado una decena de familiares, se vieron de pronto metidos en un infierno. Jesús Andrés Iglesias, un hombre de 40 años con fama de perturbado, la emprendió a tiros desde su ventana. «Las balas rebotaban por todas partes. Era espantoso. Todo fue muy rápido. No sabíamos lo que estaba ocurriendo. Sólo sé que mi padre murió en mis brazos», contó Ángel Martínez, hijo de uno de los cuatro asesinados. Después de casi dos horas de terror, el criminal fue abatido por la Guardia Civil.Así lo contaba Marifé Moreno en El País; y el director de La Nueva Crónica, David Rubio, añadía ‘datos’ en una columna de opinión: «Después de matar a dos personas, antes de matar a otra y de ser abatido por la Guardia Civil, Jesús Andrés Iglesias se quedó en la ventana de su casa fumando un cigarro y escuchando el Carrusel Deportivo. Desde allí, había convertido en una matanza la procesión del Corpus en Herreros de Rueda, pétalos y sangre cubriendo la única calle del pueblo...». Tremendo.
Cada vez que un libro ‘repasa’ la crónica negra de este país, la historia del crimen, nunca faltan tres episodios leoneses: la descuartizadora del Portillo, la matanza de Herreros y el asesinato de Isabel Carrasco.
Y cada vez que se repasa la historia de los accidentes más graves de la minería española, esos en los que nadie pensó a la hora de cerrar, aparece el de Los catorce de Casetas, que también congregó a buena parte de la prensa nacional en esta localidad minera cercana a La Ercina. Impresionantes las imágenes de los cadáveres ‘apilados’ en unas dependencias de la mina, las del entierro.
Un accidente demasiado olvidado pese asu magnitud ypor ello Julio Llamazares escribía agradeciendo el documental sobre el suceso: «Tienepara mí una gran virtud: la de dar la voz a los protagonistas de la historia, los supervivientes del accidente, los familiares de los fallecidos (la tragedia dejó la zona sembrada de viudas y niños huérfanos), los que participaron en las labores de rescate o informaron del accidente para los medios de comunicación del momento, en lugar de apropiarse de ella, como suele ser lo habitual en el género».
Falleció este año, hace tan solo unos meses, quien más veces contó y recordó este accidente pues él se libró de pura casualidad. Era Maxi ‘El Grillo’, que debía estar en la mina, con los 14 fallecidos, pero se había quedado para domar una mula. Iba camino al pozo cuando escuchó la explosión.