Y es que su pueblo de nacimiento era, con su familia, la otra pasión ajena al deporte. Defensor de la montaña llegó a tener que ser prácticamente en único luchador del bando montañés en aquellos viejos provinciales del sistema Ribera contra Montaña. Basta recordar una selección de los años 40: Por la ribera se anunciaban Tino el de Paradilla, los molineros de Carbajosa, Mariano Yugueros, Isidro el de Tendal... y por la Montaña solo tres: José González, Miguel Díez ‘padre’ y Toso de Vegamián. «Pues habrá que salir a defender a la montaña».
En sus mejores recuerdos un corro que aunaba sus pasiones, la lucha leonesa y su pueblo. Fue en octubre de 1950, en Vegamián, en un corro con mecenas, el indiano Emiliano García Liébana, que había hecho fortuna en Argentina. Salió Toso muy motivado y ganó el corro por delante del famoso Orestes, de Reyero, y Francisco González, de Redipollos.
Pero otro día grande para él y su familia fue cuando fue elegido con su mujer para que fueran los padrinos de la romería de San Antonio de Vegamián en las praderas de Pardomino.
A ellas se ha ido, para siempre, el entrañable Toso de Vegamián.
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