Cosme Paredes quiere agradecer tanto al propietario de Camarote Madrid, Javier Gómez, como al coordinador artístico, Pablo Martínez, la oportunidad que se le ha brindado de mostrar su obra, así como al también escultor Amancio González el hecho de que le haya prestado su taller de forma desinteresada para la realización de sus esculturas de gran tamaño y que mayormente realiza en hierro repujado, aunque también trabaja el bronce y otros materiales.
El escultor ecuatoriano reconoce que no es un gran aficionado al espectáculo taurino, aunque le fascina la potencia, la fuerza y la bravura de los toros. "No me gusta cómo los sacrifican, los martirizan, es lo más triste", reconoce Cosme, que tiene en perspectiva la realización de un toro de seis metros de largo por cuatro de alto que irá destinado a su Ecuador natal, un toro de dimensiones algo mayores al que tiene en Gordoncillo, de tres metros por un metro y ochenta centímetros, comenta este discípulo del gran escultor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, con el que estuvo trabajando durante tres décadas.
Sus proyectos más inmediatos pasan por una exposición el próximo mes de diciembre en el Palacio Don Gutierre, para la que está realizando actualmente dos cabras montañesas embistiendo. También tiene pensado realizar la escultura de un lanzador de peso que tiene como destino la Universidad de León.
El otro artífice de la muestra de Camarote Madrid es el fotógrafo leonés Andrés Sandoval, que presenta diez instantáneas donde el protagonismo recae no tanto en los toreros como en los trajes que portan, que en algunos casos son auténticas obras de arte. "He prescindido de los fondos para dar el realce y la máxima expresión a los toreros y a su vestimenta", señala Sandoval, para quien la realización de estos trajes constituye un arte, mostrando su predilección por uno con bordados de flores.