"Tengo familiares de mi infancia que son personajes de William Faulkner"

Luis Mateo Diez es quien desembarca hoy miércoles (a las 20 horas) en ‘Factor. Espacio San Feliz’ para recorrer el territorio de ‘lo imaginario’ de la literatura. El creador de Celama charlará con David Rubio en una nueva cita de este nuevo espacio cultural en el Torío

Fulgencio Fernández
21/06/2023
 Actualizado a 21/06/2023
Luis Mateo Diez charlará en ‘Factor. San Feliz’ con David Rubio sobre Celama... y tantos otros lugares a los que la imaginación les lleve. | MAURICIO PEÑA
Luis Mateo Diez charlará en ‘Factor. San Feliz’ con David Rubio sobre Celama... y tantos otros lugares a los que la imaginación les lleve. | MAURICIO PEÑA
Cuando en la literatura actual se habla de territorios imaginarios es inevitable pensar en Luis Mateo Diez, creador de uno de ellos (Celama) y maestro absoluto de la imaginación y la mejor literatura.

En ese nuevo espacio cultural creado a orillas del Torío y la linea de Feve, (Factor. San Feliz) van a dialogar sobre ‘el imaginario en la literatura’ un maestro, Luis Mateo Diez, y un estudioso y lector, David Rubio. Una nueva cita en este lugar que ha arrancado con tanta fuerza como excelencia, con nombres incuestionables (Merino, Garzo, Mateo...) y lo que vendrá.

El imaginario forma parte del universo de Luis Mateo Diez desde su infancia, según apunta el propio escritor lacianiego, un cultivador también en la tradición oral. «Siempre me han fascinado los territorios imaginarios de  la literatura: Región Macondo o el impronunciable de Faulkner (Yoknapatawpha)…  hasta el punto de que como escritor sentía la necesidad de tener un territorio imaginario, una necesidad bien retribuida pues avalaba mucho lo que yo quería hacer en literatura».

Después de reconocer esa fascinación por los territorios imaginarios y su viaje hacia ellos reconoce un curioso antecedente, que le vincula con el que él llama impronunciable Yoknapatawpha. «Cuando yo conocí a los personajes de este territorio caí en la cuenta de que pues yo tenía en mi niñez leonesa  algunos parientes que parecían personajes de William Faulkner, gente realmente disparatada para los cánones de la normalidad».

Y detrás de ese recuerdo hay un reconocimiento de Luis Mateo Diez, que se define como «un hombre de herencias. Tuve la suerte de ser un niño que vivió en un mundo donde pervivían las tradiciones orales vecinales, en los calechos, en los filandones, que eran reuniones para contar historias. Pero yo escribía y ese recuerdo da un cierto sentido a mi condición de escritor. En mi caso escribir para vivir. En mi caso yo diría que la ficción es una alternativa de la vida»; por eso, explica que es un escritor fecundo, «en exceso, lo sé, pero qué se le va a hacer».

Y así fue cimentando su camino hacia su gran territorio imaginario, Celama, sustanciado en una trilogía de novelas... o algo más, porque, reconoce, «algo se apuntaba ya de Celama en 'Las estaciones provinciales'», antes de la trilogía.

Ante la repetida pregunta sobre su creación, y en una de sus variadas (de imaginación hablamos) explicaciones desvela que «Celama es un territorio imaginario que viene de la infancia, de mis recuerdos, de la experiencia de haber vivido un mundo muy antiguo, que pervive a través de los siglos, del que forman parte las culturas campesinas.  En ese mundo, en el que yo me crié, he podido rescatar el valor más antiguo y primigenio de mí mismo. La creación de ficciones es un conglomerado en el que se encuentran, en mi caso, la memoria, la imaginación y la palabra».

Al margen de los territorios imaginarios ya apuntados —de William Faulkner, Juan Benet o Gabriel García Márquez— y su ‘necesidad’ de crear el suyo propio (Celama) el autor de ‘La fuente de la edad’ desvela otras claves interesantes. «Al construir Celama pensé en una provincia imaginaria, con alguna referencia a la que yo había vivido.  Y en ese camino encontré la mirada de Elías Canetti, que me ayudó, y llegué a Celama, que expande muchas maneras de ser y de entender la vida».

Pero hay un argumento que siempre esgrime Luis Mateo Diez a la hora de justificar su pasión por la literatura e invitar a subirse a ese tren, ya que en una estación de Feve lo va contar esta tarde: «Todo lo que no es posible en la vida es posible en la literatura».
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