Los amantes del cine español alrededor del mundo estamos de enhorabuena, pues este año marca el regreso a la gran pantalla de uno de los realizadores más relevantes y únicos de nuestro país, Víctor Erice, que tres décadas después vuelve con el que, a sus 83 años, se antoja su último trabajo: ‘Cerrar los ojos’. Pero antes de que podamos disfrutarlo, así como de su correspondiente reseña, en salas de toda España, inclusive los cines Van Gogh de León, se proyectarán sus dos mayores obras: ‘El espíritu de la colmena’ y ‘El Sur’, que además celebran su 50 y 40 aniversario respectivamente.
La filmografía de Erice es como poco atípica. Sus películas no son grandes producciones ni son para todos los gustos. Un espectador promedio podría desmerecer cualquiera de estas como lentas, confusas y aburridas, que con su aspecto avejentado por el paso del tiempo y su música discreta y esporádica, podrían servir del perfecto telón de fondo para una siesta tan patriótica como dichos títulos. Y es que Erice no cuenta lo que otros quieren ver, no se dirige a la audiencia, sino hacia su propio ser, revolviendo en el desván de la nostalgia y las memorias aún sin adulterar de la niñez, ilustrando los versos de una poesía que sale y toca directamente su mismo corazón, e irremediablemente el de todo aquel que esté dispuesto a abrírselo a su obra. El del director vasco es un cine de sensibilidad, donde importa tanto lo que se dice como los silencios, dejando que la imaginación y la introspección de quien lo ve llene los espacios en blanco deliberadamente reservados para nosotros. Ya sea en ‘El espíritu de la colmena’ o en ‘El sur’, nos ponemos en los zapatos de sendas niñas protagonistas, descubriendo sus mundos y las personas que los pueblan a través de sus ojos, con una mirada inocente y mágica, especialmente en la primera de las anteriores, y asistiendo a como cada una de ellas pierde la inocencia ante una realidad oscura, donde la auténtica magia vive en la mente de los niños y que, como fruto de su imaginación que es, cae por su propio peso cuando estos maduran.

Su ópera prima, ‘El espíritu de la colmena’, nos presenta a Ana, posiblemente la niña más mona jamás filmada en celuloide, interpretada por una jovencísima Ana Torrent, cuyos inmensos ojos desprenden fascinación en cada plano que se roban. Un asombro por cada pequeño descubrimiento fuera de su austera rutina en un pueblo de la España de posguerra, donde los pocos rayos de luz que iluminan tan lúgubre panorama provienen del cinematógrafo local, que llega al pueblo de Ana para proyectar la película que despertará su curiosidad insaciable: ‘Frankenstein’ (1931) de James Whale, la cual es homenajeada y reinventada por la cinta de Erice. De ahí en adelante, Ana comenzará a desentrañar los misterios que el clásico de Whale la plantea, principalmente la incógnita de la muerte, algo mucho más presente en su mundo de lo que ella creía en un principio y que la rodea por todas partes. Sin embargo, la pequeña Ana no se enfrenta a la parca con el miedo característico de todo aquel que la conoce, sino con el interés que solo puede suscitar la ingenuidad de un niño, una persona en bruto, aun sin moldear por el yugo de la sociedad, que reprime a sus individuos en una colmena donde estos se mueven por pura cinestesia y donde la aventura o el arte no tienen cabida en la tétrica armonía impuesta por y para nosotros, como movidos por un espíritu invisible. La película enmascara así una dura crítica al régimen franquista, aún vigente en su año de estreno, como si de un panal de abejas se tratara, uno que atrapa a la gente y les mantiene tan dóciles como obreras y tan inútiles como zánganos. Solo Ana, una jovencita Frankenstein, consigue asomar la cabeza fuera de la caverna, observando el funesto destino de todos aquellos que se atreven a desafiar al orden establecido.

Tras semejante debut, Víctor Erice tardó diez años en hacer otro largometraje, esta vez llamado ‘El sur’, que no pudo finiquitar debido a la falta de presupuesto, por lo que siempre quedará como una cinta inacabada, perfectamente imperfecta. Ahora la pequeña protagonista responde al nombre de Estrella y no es la muerte lo que despierta su interés, esta ya es más mayor y madura que Ana, sino su enigmático padre, Agustín, quien además de ser doctor y zahorí, parece esconder más secretos de los que su hija sospecha. Aquí Erice facilita las cosas con una narración más terrenal, con una narradora protagonista y muchos más diálogos que en su anterior trabajo, todo sin dejar de tener en cuenta que el a veces doloroso proceso de conocer a la persona que está detrás de un padre es una memoria mucho mejor grabada en nuestra impronta reciente que la de descubrir la muerte. Por todo esto, es de esperar que esta sea, de entre las dos películas, la favorita de muchos. En ‘El sur’ vuelve a aparecer el cine como ese elemento disruptivo de la realidad, salvo que en lugar de dar alas a la ensoñación como en ‘El espíritu de la colmena’, este cimenta aún más la agria verdad sobre el padre de Estrella, abriendo el baúl de los recuerdos de su padre, resultando ser una caja de Pandora que trae el caos a su vida. Es una verdadera lástima que Erice no pudiera terminar el film como esperaba, pero al terminar su trama con una incógnita refuerza el tema central de la misma: ¿quién era Agustín?. No hay mal que por bien no venga.
La carrera de Erice se alarga un largometraje más con ‘El sol del membrillo’, una película-documental sobre como el pintor Antonio López pinta uno de sus cuadros, que parece distar mucho de sus dos primeros proyectos. Por mi parte hasta ahí puedo leer porque no he tenido ocasión de verla aún, ni la tendré de verla en los cines Van Gogh de momento. No obstante, tanto ‘El espíritu de la colmena’, el jueves 21 de septiembre a las 20:00, como ‘El sur, el jueves 28 de septiembre a la misma hora, podrán ser disfrutadas por todo aquel que le de una oportunidad a uno de los mejores cineastas españoles de todos los tiempos. Una oportunidad única para calentar motores antes de ‘Cerrar los ojos’, que se estrena el viernes 29 de este mismo mes.