Soledad Fernández es una pintora mundialmente reconocida en el panorama artístico por sus cuadros realistas y figurativos centrados sobre todo en la mujer y especialmente en el desnudo femenino tratado de un modo delicado, suave y certero, aunque su trabajo va más allá y ha pintado prendas que usan las mujeres como coloristas mantillas que brillan allá donde las presenta. Sin embargo, en esta ocasión, ha dejado este tema prefiriendo destacar otros motivos.
Para sus obras utiliza como base el desnudo, aunque a veces cubre la desnudez total con diversos objetos: telas, celofanes plásticos, papeles. «Presento una mujer que está envuelta en papeles, en plásticos, en periódicos, (que no he traído en esta ocasión), y también me gustan mucho las listas, las rayas», explica tranquilamente. El dibujo es la base de todas sus imágenes y para ello incluye en la exposición varios dibujos perfectamente elaborados a partir de los cuales va realizando su obra posterior, como dice: «El dibujo es la base de la pintura, al menos de la pintura realista o figurativa. Ese dibujo es el esqueleto del cuadro, como digo yo».

En la exposición de Soledad Fernández pueden contemplarse varios cuadros construidos con variedad de motivos como paisajes, telas y manos, porque para ella las manos son otro de los ingredientes básicos en su pintura. A la unión de todas estas piezas creadas por Soledad los comentaristas han dado en llamar «realismo mágico», lo que a ella le parece bien. «En el realismo mágico se describe el sueño de la mujer queriendo alcanzar el mundo», comenta al respecto: «Me gusta colocar un amanecer, un atardecer o un paisaje que sea fondo y algunas veces lo cambio, si son lisos, de repente digo: no sé si acierto o no, pero me gusta». Sin embargo ese «realismo mágico» no es uniforme; unas veces es tan sencillo como una muchacha envuelta en papel rojo soñando con acariciar el mundo. También una joven rodeada de papel azul y con hojas volando hacia la oscuridad ante un paisaje que se va apagando, ambas impregnadas en esos sueños de abrazar el mundo que les rodea. No es necesario tampoco que aparezca el cuerpo femenino en su totalidad, unas manos buscando una concha ante las listas azules de una tela son suficientemente esclarecedoras del motivo que desea presentar.

Otro de los temas que aporta en esta exposición es el de los bodegones, que para ella son algo muy familiar y cotidiano. De todos los frutos de la huerta española prefiere aquellos que contienen un mayor número de matices como son los membrillos. «Mis preferidos en los bodegones son los membrillos, creo que a todos los pintores nos gustan por el color, la textura y que son alimentos del cuerpo», relata. Los membrillos entonces resultan el elemento básico y tras ellos encontramos objetos cotidianos como una cortina con pliegues o botellas de cristal. Sobre eso, ella comenta: «Esto es mi cocina, allí he colocado los membrillos y tras ellos una tela blanca con sus pliegues». Sobre la otra con botellas de cristal, confiesa: «Es que tengo mi colección de vidrios de la Granja que son una belleza total». En la exposición se encuentran numerosas obras con detalles femeninos, bien sean bustos, cuerpos o manos, envueltas en celofán, tapadas con telas o con los ojos vendados como en uno de los tondos pequeños que le llevan a comentar: «Son dos cuadros pequeños muy decorativos porque también comemos los pintores».
Una obra cargada de belleza, detalles, delicadeza, sencillez y ternura que merece la pena contemplar para conocer su visión particular del mundo femenino que posiblemente sea la de muchos espectadores y su forma de presentarla denota que tras los cuadros hay un trabajo intenso, profundo, logrado a base de años de trabajo, experiencia y dedicación al Arte. Pueden verla en la galería Alemi de la Plaza de San Marcelo, una vez visitados los belenes, hasta el 20 de enero.
