Desde hace dos años, Corullón se ha mirado en el espejo del Jerte al subrayar con la mirada la floración de sus árboles. Y desde entonces, caminar entre cerezos se ha vuelto una vertiente turística aledaña a la de las piedras. Dos rutas para disfrutarse abren desde la misma carretera de entrada al pueblo, una de tres kilómetros y la otra de unos siete, que comienza en el mirador recorriendo, desde la zona de descanso, El Banín y El Pedredo. Las rutas más pequeñas, señalizadas como de San Juan y Campelo, se quedan más abajo y tienen entrada antes del cementerio. Comienzan en una pista, por el lado izquierdo y en seguida nos regala cerezos a ambos lados. Compartimos pasos con ruedas, porque aún esta zona es paso de vehículos. La perspectiva no deja a las cerezas solas en ningún momento. Bajamos un desnivel corto, se hará más fuerte al final de la ruta, que se adentra en la parte baja del pueblo, y llama la atención el arrope de las casas a los cerezos. Siempre en su perspectiva, en una simbiosis perfecta, el rojo apasionado de las cerezas regordetas se mezcla con la vista a los distintos pueblos que hay por debajo de Corullón. Por la vía de la derecha, la ruta nos lleva a una subida de 600 metros sin salida, en la que volvemos a ver como se entremezclan los tres frutos de Corullón en una perfecta sintonía. Huele a verano intenso y las cerezas recuerdan que su tiempo se pasa…
Cuaderno de ruta
Estas rutas no suponen grandes esfuerzos ni dificultades técnicas en el trazado, aunque me han dicho que en invierno hay alguna placa de hielo que puede complicarlo un poco.Lo que deja es muy buen sabor de boca, y no solo porque con el fruto ya parido podemos ir picoteando, con permiso de los vecinos, de algún árbol generoso. Me imagino este recorrido en plena floración, con los cerezos regalando un manto blanco sobre la imagen del pueblo, oliendo a vida entrante. Y debajo de sí mismos las vides, buscando sitio sin acritud. Y por detrás los castaños que dicen, ya nos tocará a nosotros. Pienso en el porvenir turístico del fruto y económico también. El alcalde de Corullón, Luis Alberto Arias ha ideado una cooperativa y también una feria de la cereza. Todo son proyectos en lo inmediato, pero, por de pronto, se queda con el denominado «mil cereixais» de donación de cerezos para ir incrementando el censo de estos árboles en el municipio y abrir esa veta ecológica que permita, al tiempo, fijar población. Eso sí, mirando al cielo, porque no se está portando con una cosecha que este año se queda a la mitad y que el año pasado se perdió por completo. Por eso esta ruta le da fuerzas para estrenar el sello de calidad, tras un año de retraso.Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
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